El edificio modernista del Observatori Fabra, situado bajo el Tibidabo en pleno territorio de los jabalís que habitan en la vertiente sudeste de la sierra de Collserola, es de indudable interés histórico. Su museo alberga antiguos instrumentos ópticos, una biblioteca y el gran archivo de astronomía, de sismología y de metereología, uno de los más prestigiosos de Europa. Su fondo documental recorre cerca de tres siglos de divulgación científica, algo que puede apreciarse en la visita que se programa al finalizar las cenas y las conferencias de las noches de verano.
La joya El centenario telescopio que habita en la cúpula del Observatori Fabra, en el Tibidabo. OBSERVATORI FABRA
Información publicada en la página 41 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 24 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El observatorio, hoy concebido como espacio puramente divulgativo, es propiedad de la Reial Acadèmia de Ciències i Arts, que durante años soportó con pena e impotencia cómo desde su construcción en 1904 la ciudad no hizo absolutamente nada durante 80 años para mantener y modernizar este edificio semicilíndrico que aguanta la cúpula y la pilastra que sustenta a su telescopio rey, un refractor astrográfico de origen francés marca Mailhat, que tras superar un siglo aún funciona.
Mercè Durfort, vicepresidenta de la academia, recuerda que la institución nació en 1764 en un momento en el que el conocimiento científico en Barcelona era «un enorme desierto». En esos primeros años la Inquisición investigó si en su archivo se podían consultar libros prohibidos por el Santo Oficio.
Su primera gran sede se ubicó a finales del siglo XIX en el número 115 de la Rambla, edificio donde hoy se aloja el teatro Poliorama, obra del arquitecto Josep Domènech, que también firmó los planos del observatorio del Tibidabo.
Durfort agrega que el Obsertatori Fabra tuvo de mecenas al marqués de Alella, Camil Fabra, que realizó «una importante aportación económica» (el 80% del presupuesto) para hacer realidad el proyecto.
La necesaria rehabilitación subvencionada por el Ayuntamiento de Barcelona, la Corporación Metropolitana y la Generalitat se inició en 1988 y finalizó en 1992. En el 2004 el consistorio firmó un acuerdo para promover actividades escolares con el fin de acercar a los estudiantes al misterioso mundo de la astronomía y de la meteorología.
Contemplar Saturno
A pesar de la contaminación lumínica, los asistentes a las cenas, si no hay nubes, pueden subir a la cúpula para contemplar Saturno, la Luna, Júpiter y Albireo, estrella en la constelación del Cisne. Es uno de los pocos observatorios del mundo que ha tenido el privilegio de estudiar en directo el cometa Halley en dos ocasiones. No obstante, la mayor aportación del Fabra se remonta a 1907, cuando su primer director, el astrónomo Josep Comas i Solà, se percató de que el pequeño disco de Titán, el segundo satélite más grande del sistema solar, estaba oscurecido, signo de la presencia de una atmósfera que Gerard Kuiper ratificó en 1944.
Comas y Solà también destacó por sus estudios sobre los asteroides, ideando un procedimiento fotográfico para reconocerlos. Descubrió 11, entre ellos Hispania, Alphonsina y el llamado Barcelona, peculiar por su gran inclinación del plano de la órbita.