Dicen que la cerveza la inventaron los pueblos de Mesopotamia y de Egipto. De eso hace ya muchos milenios. No tantos como los que se tardaba este pasado fin de semana para obtener de los tenderetes de la Oktoberfest instalados en el Fòrum una simple salchicha fría. Lo decía Micky, uno de los tiradores más simpáticos y positivos de la fiesta: «Mira, socio. Es que andamos desbordados. Este es el primer año, pero el próximo lo haremos mejor».
Participantes en la fiesta de la cerveza celebrada en el recinto del Fòrum, el viernes. ELISENDA PONS
Información publicada en la página 34 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 16 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Esa es la característica española comparada con la alemana. Aquí se improvisa y allí se busca la solución exacta. El Fòrum, tras la lluvia de los últimos días, exhalaba esta fragancia-Fòrum que tan poco casa con el pescaíto frito de la Feria de Abril o con el chucrut de esa Oktoberfest de importación. Lo de la improvisación española no es responsabilidad exclusiva de los neófitos y esforzados chavales que atienden a los parroquianos de la feria.
También estos, ante una carta ilustrada con siete cervezas y ocho bocadillos llegaban tras un buen rato a la caja y, una vez allí, las parejas se preguntaban el uno al otro: «¿Qué te apetece, cariño?». «Lo que tú quieras, amor». Y sí, la hora del almuerzo iba convirtiéndose en la hora de la merienda. Una orquestina tocaba la típica fanfarria de la Oktoberfest de Múnich que empieza diciendo: «Ein Prosit, ein Prosit, der Gemütligkeit», pero la gente estaba formando cola ante los tenderetes. Y ya se sabe que una fiesta en la que se ha de hacer cola prolongada y larga es lo más parecido a un rancho.
Recordando los pepinos
3 Porque las colas dan para muchas tertulias. «Ya ves, la Merkel nos aprieta y nosotros aquí». Y otro gracioso, degustando una ensalada, decía: «¿Os acordáis de los pepinos que dijeron que eran letales? Pues ahora nos los devuelven». Risas muy lejos de Alemania. En el escenario se habla del espíritu de la Oktoberfest. Será el espíritu. Y también la cerveza. Y los esforzados personajes disfrazados que tienen más dedicación a evitar que el público se lleve las jarras vacías de cristal que a traerlas llenas, que eso no se lleva.
Escondidos en el interior del páramo asfaltado del Fòrum uno se pregunta los años que van desde que los emigrantes fueron a trabajar a Alemania como Gastarbeiter hasta hoy, cuando Baviera es una disolución de buena cerveza. Pero como decía Micky: «El año que viene lo haremos mejor. Ya lo verás, socio». La cerveza siempre acaba dejándonos tendidos en una cuna de algodón. Pero hay que vigilar que la Oktoberfest sea más fiesta que octubre.