Barcelona ha sido un imán para el turismo de borrachera y despedidas de soltero. Hasta cierto punto sigue siéndolo, gracias a unos precios, sobre todo los de la restauración, que están por debajo de la media europea. Con los años, el florecimiento de hoteles de cuatro y cinco estrellas ha atraído a un extranjero de cartera más generosa. Pongamos por caso el ciudadano ruso, alguien que no escatimará en gastos y que quiere que las cosas se le sirvan en bandeja.
Ahí entra la materia de hoy, de cómo hay empresas y particulares que se están dedicando a ofrecer el servicio del taxi sin licencia. Sucede sobre todo en la zona del Port Olímpic, a la salida del casino o frente a los restaurantes. ¿Destino? Locales nocturnos y prostíbulos, donde el conductor recibe una suculenta comisión tras una carrera que incluso ofrece gratis al cliente porque le sale a cuenta.
La noticia no es de hecho ninguna novedad. Lo que sí está de actualidad es que la Guardia Urbana se implique en el asunto para cortar una hemorragia que empezaba a descontrolarse. Al margen de ser una práctica ilegal, ya se han producido varias peleas en la zona entre chóferes con licencia y conductores furtivos que era necesario atajar.
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