Miquel Sen
Periodista
La mejor novela que se ha escrito sobre un mercado vivo es El vientre de París, de Émile Zola. Se inicia explicando como, entre la niebla y el frío, los payeses conducen sus carros cargados con todo aquello que alimentará a la población parisiense. Escuchando a Montserrat Casanova, que trabaja desde los 14 años en su puesto de la plaza de los payeses de la Boqueria, tenemos la misma sensación, casi cinematográfica, de saber como se monta una parada con los productos propios de la huerta mientras la ciudad duerme.
Información publicada en la página 41 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 03 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Montserrat es un ejemplo de todas las payesas que venden sus productos de proximidad en los alrededores de los mercados. A partir de sus huertas de Santa Coloma de Cervelló, nos tienta con unas verduras y frutas de una frescura irreprochable. Es un emplazamiento idóneo para hacernos con los ingredientes de la huerta a los que sienta bien el frío, como las alcachofas -cerradas, a dos sabrosos euros el kilo-, la col rizada -llamada col de la neu- o las escarolas, espectaculares, que evocan la temporada del xató.
Atención a la pera flor d'hivern, a 1,80 euros el kilo, y a los grelos, alias los tallos de las nabizas, una verdura que proporciona en el plato un verde espectacular. Con los grelos se pueden preparar los grandes caldos gallegos o cocinarlos a la italiana, mezclados en un sofrito con carne al que se añade la pasta.
Como Montserrat planta su primera cosecha de habas y guisantes a mediados de agosto y la segunda en octubre, la que dará las habas de primavera, ahora ya vende las de invierno. Unos guisantes a 4,90 euros el kilo plantados a 10 kilómetros de nuestras cazuelas, recién recolectados, son la mejor reivindicación culinaria del trabajo en las huertas de proximidad.
Paralelamente, en otros puestos de frutas y verduras, el reclamo lo dan las manzanas. Aún hay fuji de Girona, están apareciendo las marlene suizas al tiempo que comienzan a venderse las naranjas Navelate, probablemente las mejores de toda la temporada de cítricos.
Si dejamos los corros verdes para buscar pescados de proximidad, la sorpresa pueden ser las sardinillas, que dan unas frituras de gran nivel. Buen momento para comprar sepias pequeñas, que cotizan entre 14 y 18 euros el kilo, o rape de la costa, ya sin los precios alucinantes de hace semanas. En cambio, los mejillones, una referencia básica cuando se quiere comer sabroso y barato, provienen de las bateas gallegas. Cuestan sobre los tres euros el kilo, están llenos y saben a mar.
Dentro de esta lectura gustosa y económica del mercado, la merluza, a 8,90 euros el kilo, es una baza segura, tanto como lo es -en plan proteína roja- recuperar el jarrete para estofar o darse el capricho de asar un cabrito de la sierra de los Filabres, el mejor de Europa, con perdón de Grecia y de Italia.
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