La alianza entre Ricardo Bofill -y su Taller de Arquitectura- y la empresa pública metropolitana Barcelona Regional empieza a dar sus primeros frutos. Si, tal y como avanzó este diario hace un par de semanas, la unión de esfuerzos había sido premiada con su selección entre los 10 finalistas al concurso de ideas sobre cómo debe plantearse la expansión urbana de Moscú, ahora cabe apuntar en su haber un nuevo logro: la segunda plaza en la primera fase del reto moscovita. Tan solo superado, por una décima, según la puntuación emitida por el jurado de expertos, por el equipo que lidera el arquitecto holandés Rem Koolhaas (en concreto su despacho, el OMA) y en el que participan, entre otras empresas, la alemana Siemens.
Información publicada en la página 34 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 02 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Mediante lo que representa el mayor concurso de ideas de la historia del urbanismo, las autoridades rusas pretenden que su capital dé -como señala el arquitecto Ricardo Bofill, en conversación con EL PERIÓDICO- «el salto de escala para ser una ciudad global».
GRANDES BASES / Las bases del concurso establecen una extensión de la ciudad hacia el suroeste, siguiendo el eje de una de las 11 carreteras radiales que comunican la capital con el resto del país. Son 1.500 kilómetros cuadrados, es decir 2,5 veces el actual municipio.
«Rusia es un estado muy centralizado, una súper Francia», señala el arquitecto, poco inclinado a aparecer en los medios y buen conocedor del país por ser uno de sus destinos laborales. Uno de tantos: el 90% del trabajo que tiene su taller está radicado en el extranjero, especialmente, ahora, en Asia, con China y la India, en primer lugar. «Y con una fuerte tradición en planificación, lo que unido al colapso de la capital» explica, según Bofill, la convocatoria de este concurso.
«Las ciudades radiocéntricas funcionan si su tamaño está controlado. Y con la llegada del capitalismo, hace 20 años, este crecimiento se ha desbordado en Moscú, más allá del cinturón verde de parques» que la etapa comunista previó casi como tope a la mancha urbana. La relación «entre suburbios y centro de la ciudad es inmanejable».
Ante esta situación, prosigue el arquitecto barcelonés, las autoridades han optado por acotar el crecimiento en todas las direcciones excepto por el suroeste, donde se prevé una expansión de 70 kilómetros de longitud: «Se trata de sacar del centro todos los edificios del Estado ruso, todas las innumerables instituciones dedicadas a la ciencia y a la educación» y dar espacio, también a las paltaformas logísticas.
Para entender la magnitud del gigante ruso sirven las cifras. La región de Moscú es una vez y media Catalunya y cuenta con 18 millones de habitantes. El estado donde se inscribe es más grande que España.
El concurso se estructura en tres fases, que van suponiendo una aproximación lenta, un zoom, a la zona. En la primera, ya sustanciada, la mirada se centra en los planos de 1/500.000 (donde un centímetro de plano equivalen a cinco kilómetros de territorio) a 1/200.000. La segunda, se baja hasta el 1/50.000 y en la última el foco se aproxima al 1/2000.
TODAS LAS ESCALAS / Es decir, el concurso recorre el camino desde la planificación territorial a la arquitectura casi de detalle pasando por el urbanismo.
«Los rusos tratan de recoger ideas de todas partes y han huido de un concurso para arquitectos estrella o icónicos, sino para maestros», señala Bofill. Y sobre el papel del modelo Barcelona añade que la capital catalana conserva «buena parte de su fama» en lo urbanístico.