Tres libros recopilan fotos, documentos y anécdotas de los baños de las playas de Barcelona que a finales del siglo XIX competían con los mejores de Europa.
Colección 'Orígens' de editorial Albertí: 'Els banys de mar a Catalunya', de Mercè Tatjer, y 'L'increïble vestit minvant', de Ròmul Brotons. Precio de cada libro: 16 euros.
Con vistas a la llegada del verano, tres libros recién puestos en los escaparates coinciden en la misma temática: los baños de mar y los bañadores a través de la historia de las playas catalanas. L'increïble vestit minvant, de Ròmul Brotons, y Els banys de mar a Catalunya, de Mercè Tatjer, forman parte de la colección Orígens de editorial Albertí. Además Banys de mar (Quan la platja de Barcelona encara no era platja), de Paco Villar, es una obra publicada por el Ayuntamiento de Barcelona.
Información publicada en la página 41 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 30 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La capital catalana abrió en 1992 totalmente sus ventanas al mar a raíz de la transformación urbana suscitada por los Juegos Olímpicos. Las primeras incursiones a las playas datan de 1870 cuando los médicos comenzaron a recomendar los baños de mar como terapia y la práctica de la natación como excelente actividad deportiva. Ello provocó el inicio del veraneo en la costa y la moda de los balnearios de aguas saladas, según cuenta el libro de Tatjer. Así, en 1872 se inauguraron Els Banys Orientals en la Barceloneta con instalaciones de hidroterapia, que a partir de 1892 ya dispusieron de iluminación eléctrica.
Eran tiempos en los que los hombres no podían ver cómo se bañaban las mujeres, que tenían prohibido enseñar la piel del cuerpo. Las turistas paseando con biquini aún estaban a años luz a principios del siglo XX, cuando nacieron los populares baños de Sant Sebastià y de Sant Miquel, las casitas desmontables de Montgat y los primeros clubs de natación de la Barceloneta.
En 1923 las ordenanzas municipales permitieron bañarse juntos a hombres y mujeres. Los trajes de baño también fueron perdiendo pudor y tela. Y, según Brotons, en 1930 se convocó un concurso en la playa de Sant Sebastià para coronar a la reina del baño de Barcelona. A partir de 1939, el franquismo se encargó de que los baños en la playa volvieron a ser territorio puritano.