El Periódico

Català de l'Any 2016

Casi 40 nuevos clubs cannábicos abrirán en Barcelona a partir de junio

Estos locales pidieron la licencia antes de la moratoria y solo deberán cumplir los requisitos técnicos

Las ampas no consideran estas asociaciones un problema pero reclaman más pedagogia sobre las drogas

Casi 40 nuevos clubs cannábicos abrirán en Barcelona a partir de junio

FERRAN NADEU

Una mujer consume un porro en un club cannábico de Ciutat Vella.

Miércoles, 18 de mayo del 2016 - 20:45 CEST

Cada día suben la persiana en Barcelona 120 clubs cannábicos. Son locales con una licencia tramitada antes de la moratoria dictada en mayo del 2014 que puso freno a la proliferación de asociaciones de este tipo. Se quedaron por el camino 39 establecimientos que estaban tramitando el correspondiente permiso. Pasados dos años, una vez se apruebe definitivamente el plan regulador de esta actividad, y siempre que cumplan ciertos requisitos técnicos y pasen la inspección municipal, podrán legalizar su actividad y abrir puertas.

El mapa de los clubs cannábicos en Barcelona

CRISTINA CLAVEROL

La normativa que el pleno aprobará el 27 de mayo -en la comisión de Urbanismo de este miércoles ya ha pasado el corte inicial- dicta una serie de condiciones urbanísticas destinadas a integrar de la mejor manera posible estos locales en el tejido social de la capital catalana. El texto se empezó a impulsar en los tiempos de Xavier Trias, que fijó una distancia mínima de 150 metros con equipamientos públicos y todo tipo de edificios educativos, deportivos y sanitarios en los que pudieran concurrir menores. Eso, de aplicarse tal cual, y según cifras que facilita el propio consistorio, implicaba cerrar 133 de un total de 144 establecimientos. El gobierno de Ada Colau ha reducido a 100 metros la distancia (menos en Ciutat Vella, Gràcia y núcleos antiguos de barrios) y ha eliminado la retroactividad, es decir, este alejamiento solo se aplicará a las nuevas licencias, no a las que estén en vigor o en trámite. Así las cosas, si esos 39 permisos solicitados prosperan, la ciudad contará en breve con 159 asocaciones y clubs cannábicos.

INSPECCIÓN PREVIA

Para lograr el plácet del consistorio, deberán instalar una chimenea y una doble entrada que la mayoría ya tienen colocada. Tampoco se les aplicará la cláusula de la superficie máxima, que para los nuevos demandantes de licencia será de 200 metros cuadrados como máximo. En cualquier caso, el ayuntamiento tiene prevista una intensa labor de inspección antes de repartir pegatinas de conformidad. De esas casi 40 licencias en estudio, 22 estaban en los últimos compases burocráticos antes de que CiU dictara la primera moratoria. Solo tenían pendiente la inspección final que debía permitirles empezar a operar. Otras 17 también tenían la autorización solicitada pero estaban todavía en fase de obras.

LOS RETOS DEL GREMIO

  • La moratoria de nuevas licencias de clubs y asociaciones de cannabis vence el 13 de junio. El ayuntamiento no tiene margen para abrir un nuevo plazo de veto de permisos, con lo que si en esa fecha no está aprobado el plan urbanístico de regulación del gremio, se abrirá una suerte de barra libre como la que imperaba antes del mes de mayo del 2014.
  • CiU pretendía cerrar la mayoría de fumaderos de Barcelona con una norma retroactiva que planteaba unas condiciones inasumibles para la mayoría de licencias en vigor. Su propuesta fue duramente criticada por los clubs. Incluso el Colegio de Abogados de Barcelona instó al consistorio a “no criminalizar” estas asociaciones.
  • Las dos federaciones de asociaciones de cannabis de Catalunya (Catfac y Fedcac) coinciden en la necesidad de dar a conocer más y mejor su actividad. Por eso, una vez aprobado el plan, tienen intención de reunirse con sindicatos y todo tipo de entidades vecinales y educativas con el objetivo de “combatir el desconocimiento” de que adolecen.

OTRAS INQUIETUDES FAMILIARES

La cercanía de estos establecimientos con las escuelas es una de las razones por las que CiU pretendía cerrar la mayoría de asociaciones. "Haremos oposición dura y contundente contra un plan que muchos barceloneses ven con preocupación porque el ayuntamiento provocará un incremento del consumo de sustancias nocivas", ha dicho este miercoles el concejal convergente Jordi Martí. Su plan sí era retroactivo y afectaba al 92% de las asociaciones, que por tener su sede a menos de 150 metros de un centro educativo estaban abocadas al cierre. La idea de los convergentes era que quedaran en Barcelona menos de 20 clubs, suficientes, a su modo de ver, para cubrir la demanda de los consumidores de cannabis.

Las dos asociaciones mayoritarias de padres y madres de alumnos en Catalunya admiten que la presencia de estos centros no les apasiona, pero tampoco les quita el sueño. Álex Castillo, miembro de la junta de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Catalunya (Fapac), considera que las entidades cannábicas no son un tema que afecte de manera especial a la chavalada. Asegura que las drogas que más consumen los menores son el tabaco y el alcohol, y en este sentido, recuerda que a la salida de muchas escuelas "hay un bar y un estanco".

MÁS FORMACIÓN PARA PODER DECIDIR

"No es un tema de primera magnitud -señala Castillo-, es colateral y superficial y no recuerdo que haya llegado a nuestra entidad queja alguna sobre esta materia. Si cumplen con la normativa, si no permiten la entrada a menores de 18 años y son clubs privados, no tiene por qué haber ningún problema. Lo que sí nos preocupa es la deficiente educación que reciben nuestros hijos en materia de drogas, más aún si tenemos en cuenta las nuevas sustancias de diseño que han tomado el relevo a la cocaína y la heroína, que tanto daño hicieron en los años 80 y 90". Castillo lamenta que este tema se haya abordado históricamente "desde la prohibición", una estrategia que, a su modo de ver, ha fracasado. "Es necesario una mentalidad más abierta y global para actuar desde la sanidad y la educación", concluye.

Pere Farriol, portavoz de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Enseñanza Secundaria de Catalunya (FAPAES), coincide en que los clubs cannábicos son un problema menor para el entorno escolar. Receta ser "más lógicos y razonables", en el sentido de apostar por la pedagogía, por enseñar a los niños qué está bien y qué esta mal. Sentido común, en resumen. "Solemos tirar por la prohibición y la legislación porque lo único que entendemos es el miedo. Los efectos de esconder ciertas cosas son contraproducentes. Cuanto más le escondas a un adolescente un centro cannábico, más ganas tendrá de ir, porque su instinto natural es conocer, la aventura. Entiendo que haya padres que lo rechacen frontalmente porque es un mal vicio, pero hay que afrontar las cosas, conocerlas bien, para poder tomar las decisiones acertadas".

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