Barcelona es un concepto demasiado goloso como para permitir que las marcas comerciales lo usen a su antojo. El ayuntamiento, consciente de esta situación, ha decidido regular la marca colectiva de la ciudad con el objetivo de preservar los valores, el prestigio y la buena reputación de la capital catalana.
La comisión de Presidencia y Régimen Interior ha dado hoy miércoles luz verde al reglamento de uso de la marca Barcelona, aunque la última palabra la tendrá el último pleno del curso, que se celebrará el miércoles 25 de julio. En el momento en que pase ese último trámite, las condiciones de uso serán ciertamente estrictas. La marca Barcelona solo se podrá usar como signo secundario o accesorio. Solo se podrá usar en relación con productos o servicios vinculados al municipio o a su área de influencia. Estará prohibido incluir el nombre si induce al consumidor a la confusión o en el caso de que transmita una información engañosa. Por último, se prohibirá su utilización para identificar exclusivamente un género de productos o servicios. Quedan completamente al margen aquellos productos que promuevan comportamientos chenófobos, sexitas, racistas u homófobos.
El consistorio creará una agencia municipal para poder controlar el correcto despliegue de la marca Barcelona. El uso de la palabra se limitará a un máximo de tres años, y puede ser revocado si se verifica un incumplimiento de las reglas.