La fragilidad del peatón es el argumento al que se agarra el ayuntamiento para echar a los ciclistas de las aceras, decisión que consumará a través de una nueva ordenanza que en otoño empezará a cocinarse. La bici, sin embargo, es un vehículo para el que no hace falta permiso alguno, así que tanto la puede usar un avezado mensajero que calza una máquina de piñón fijo sin frenos como un niño de 5 años que va dando simpáticos golpes de timbre camino del Fòrum junto a sus padres. Ante un público tan heterogéneo, el consistorio pondrá sobre la mesa la posibilidad de dejar al margen de la nueva ordenanza a los menores, permitiendo que suban al espacio peatonal para evitar que compartan carril con vehículos a motor.
Dos niñas bajan en sus bicicletas por una de las aceras laterales del paseo de Sant Joan. ARCHIVO / ELISENDA PONS
Información publicada en la página 308 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 31 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La cuestión, ahora, es acertar con el límite de edad. ¿10 años? ¿Quizás 12? ¿Mejor 15? También será menester resolver algunas dudas colaterales. ¿Podrá ir por la acera un padre que lleve a su hijo en una sillita? ¿Por dónde circulará el progenitor mientras el pequeño va por la acera? ¿Se le permitirá ir detrás suyo o deberá seguirle desde la calzada? Eduard Freixedes, concejal de Movilidad, es consciente de que la nueva norma, que debería estar operativa a principios del 2013, no se puede aplicar de manera salomónica, o todos o ninguno, y será el primero en defender que el reglamento recoja un listado de excepciones aún por concretar.
El 16 de julio, Freixedes daba a conocer la auditoría realizada por los técnicos municipales sobre el estado de la red ciclista de Barcelona. Llegaron a la conclusión de que hay multitud de carriles que acaban en punto muerto, localizaron varios cruces en los que el número de accidentes con bicis implicadas es alarmante y decidieron que los separadores del vial serán menos voluminosos para que peatón y motorista no corran peligro. Entre las reflexiones anexas, el estudio desliza la posibilidad de que el uso del casco y la contratación de un seguro sean obligatorios y da por seguro que el carril de la Diagonal, principal exponente del mal rollo entre peatón y ciclista, no se tocará hasta que la avenida se reforme, al menos en el 2014.
FRUTO DE LA INSEGURIDAD / Con tanta novedad, la alarma no tardó ni un segundo en saltar. El punto más controvertido, al margen del casco, fue el uso de las aceras, habida cuenta de que muchos las usan como expresión de una inseguridad manifiesta a la hora de meterse en el asfalto. El propio Freixedes dijo entonces que los espacio peatonales que podrá usar este colectivo «se podrán contar con los dedos de la mano». Visto que el ciclismo urbano es el único medio de transporte que crece, esta decisión supo a corte de alas en toda regla. El aluvión de reflexiones llegó a oídos del edil nacionalista, que ahora considera «razonable» que se quiera abrir el debate sobre los menores porque es un colectivo «al que lógicamente hay que proteger».
Al margen del ayuntamiento, el Bicicleta Club de Catalunya (BACC) ha colgado en internet una encuesta (http://enquestes.bacc.info) cuyos resultados ayudarán a elaborar una radiografía de la infraestructura ciclista de la ciudad. El cuestionario permite elegir entre distintos carriles de la ciudad para poder conocer cuál es la mejor opción, tanto a nivel de seguridad como de rapidez o comodidad. La web estará operativa hasta septiembre, momento en el que el BACC redactará sus conclusiones de cara a iniciar un arduo diálogo con el consistorio.
El casco será el elemento mediático de ese debate, pero el foco objetivo debería estar más en el uso de las aceras. ¿Todos? ¿Ninguno? ¿O más bien en función de la fragilidad?