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a pie de calle

Las pulgas son jóvenes y guiris

Domingo, 20 de febrero del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Edwin Winkels Periodista

En algunas guías turísticas se menciona al de los Encants como el gran mercadillo de las pulgas de Barcelona, pero la mayoría de los trastos ahí expuestos poco tienen que ver con el ambiente alternativo y bohemio que se respira en el gran Flea Market de Londres, en Brick Lane, al este del centro, también de Londres, o con las interminables hileras de puestos en Les Puces de Saint-Ouen, al norte de París bajo la sombra de los viaductos del Périphérique.

El Flea Market, el mercadillo de cosas de segunda mano, ayer en el patio del Espai Jove del Eixample. EDWIN WINKELS

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Información publicada en la página 36 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 20 de febrero de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)

Desde hace algún tiempo, hay gente joven en Barcelona, muchos de ellos forasteros de países europeos, que intentan recuperar aquí aquel espíritu de los mercadillos de pulgas. Después de un año de ausencia, vuelven a organizar cada mes su Flea Market -sí, le han dado nombre inglés para atraer no solo a la población local-, aunque de una superficie muy modesta, en el interior y el patio del Espai Jove del Eixample, en el cruce de Alí Bei con Marina. Realmente es un espacio relativamente joven: el promedio de edad tanto de expositores como de posibles compradores no supera los 30, 35 años. Se escucha hablar bastante en inglés, o en castellano con acento italiano o alemán.

«Barcelona aún no tiene mucha cultura de comprar cosas de segunda mano, tal vez por eso muchos de aquí venimos de fuera», me explica John Gray, de Londres, que entre otras cosas vende tejanos Levi's 501 encontrados en la calle -y lavados- por entre 3 y 5 euros. Tan baratos, que la gente ya ni regatea para bajar aún más el precio.

John, igual que muchos de los asistentes, se considera un hipster, el movimiento que aglutina gente joven, alternativa e independiente, que marca la moda sin vestir marcas, que no tiene ninguna manía en combinar prendas de segunda mano. En el mercadillo del Espai Jove se pueden encontrar zapatos por tres euros, botas por 10, minifaldas por 2 y gorros por 50 céntimos. Los vendedores no son profesionales, sino gente que ha reservado con antelación un lugar para vender algunas de las cosas que le sobran en casa, por ejemplo.

Libros en varios idiomas

3 «Reservas un sitio, pero el que llega el primero puede escoger el mejor. Nunca sabes dónde te toca», dice Regina Giampietro, una joven de Nápoles que, entre otras cosas, vende libros en varios idiomas, algunos de ellos de excompañeros de piso que los olvidaron o los dejaron tras leerlos. Y así se pueden conseguir por dos euros las Poesías completas 1918-21 de García Lorca, la Odisea de Homero y un Somerset Maugham en catalán, La lluna i sis penics, hasta un best-seller holandés sobre el secuestro del cervecero Freddy Heineken.

En otro puesto cuelga una chaquetilla de voluntario de los Juegos de Barcelona, o sea de hace casi 20 años, y en el suelo se apoya un vinilo de Breakfast in America de Supertramp por tres euros. Si compras dos discos, pagas cinco. Incluso los precios de la barra parecen de segunda mano, con refrescos por un euro y agua por 50 céntimos.

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