Es, sin duda, un genuino cruce del siglo pasado. Uno de los pocos puntos de la red viaria metropolitana con colas crónicas, por su configuración y por su alto volumen de tráfico, que han pervivido a décadas de gobiernos autonómicos. El segundo tripartito de izquierdas que ahora se despide decidió resolver al fin el nudo gordiano de la intersección a nivel de la C-17 (autovía de L'Ametlla y Vic) y la N-150 (carretera de Cerdanyola y Sabadell) en el marco del soterramiento parcial de la primera por el centro de Montcada i Reixac. Ambas obras debían hacerse a la vez, pero se empezó solo por la cobertura, que se acabó en el 2009. Ahora se trabaja ya, desde hace unos meses, en el nuevo cruce a distinto nivel con la previsión de acabar las obras en el 2012 y con ellas, las colas crónicas, y kilométricas en hora punta, al entrar o salir de Barcelona por Montcada en el corredor del Besòs.
En los dos años de trabajos se construirán, con un coste importante de 33,5 millones, un tramo elevado de la autovía de 1,1 kilómetros y bajo ella, y a la misma altura de las calzadas actuales, una macrorrotonda de 60 metros de diámetro exterior y dos carriles de cuatro metros. Esta rotonda distribuirá el tráfico local entre los barrios barceloneses de Vallbona y Ciutat Meridiana y los de Montcada de Can Sant Joan y Can Cuyàs, además de los vehículos que se dirigen por la carretera N-150 hacia el cementerio de Collserola, Cerdanyola, Sabadell y Terrassa (Vallès Occidental).
SEMÁFOROS TEMIDOS / Por este punto, que enlaza mediante una vía rápida la capital catalana y las densas zonas industriales de Montcada y de La Llagosta, Mollet y Granollers (Vallès Oriental), llegando después hasta Vic (Osona) y pronto también hasta Ripoll (Ripollès), pasan una media de 51.000 vehículos al día. Con tal volumen de coches y camiones han sido y siguen siendo millones las horas de vida y de trabajo consumidas en un cruce temido por sus semáforos de periodo largo (bastante superiores al minuto) para poder atender a los diversos sentidos y giros del tráfico.
Todo ello con el añadido del plus de contaminación por las retenciones y paradas que, como ha destacado la alcaldesa socialista de Montcada, María Elena Pérez, sufre este municipio, encajado entre montañas y ríos y acribillado por infraestructuras viarias y ferroviarias, así como las zonas limítrofes ya citadas del distrito barcelonés de Nou Barris.
Un tercer elemento añade aún más complejidad, y también coste, a las obras de este escaléxtric metropolitano. Se trata de las vías de Rodalies C-4 y C-7 que pasan justo por debajo del actual cruce de la C-17 y la N-150. En este tercer nivel se ha estado trabajando hasta ahora con labores de cimentación y pilotaje y también en el muro del lado Besòs del futuro tramo elevado de la autovía.
DESVÍOS TRAS LA NAVIDAD / En las próximas semanas se producirán importantes cambios en la movilidad del lugar, según explica el director de Política Territorial de Montcada, Albert Barenys. Para poder avanzar en las obras, se habilitará una rotonda provisional con semáforos que se mantendrá en la misma situación hasta el final del proyecto. El tráfico pasará después de las próximas Navidades por los laterales de la actual calzada en sentido Vic (lado Besòs) lo que permitirá a los operarios de la constructora Isolux-Corsan trabajar en el tronco central de la C-17 y empezar a erigir allí los pilares de hormigón que sostendrán el futuro tramo elevado sobre la rotonda.
El conseller de Obres Públiques, Joaquim Nadal, dijo al presentar en su día el proyecto de la C-17 que el objetivo era que no hubiera ningún semáforo desde la Meridiana, a la altura de Rio de Janeiro, hasta Vic-Ripoll. Para ello el proyecto prevé suprimir el que existe bajo el viaducto de la C-58 y que regula el acceso a Ciutat Meridiana.
Una última mejora se producirá asimismo en la incorporación a la Meridiana, entre Trinitat Nova y Vella, de la calzada de entrada a Barcelona de la C-17. Los dos carriles de la autovía se convierten aquí en uno, un cuello de botella que provoca también constantes retenciones.