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a pie de calle

El Molino, en dos bolsas de basura

Lunes, 25 de octubre del 2010 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CATALINA GAYÀ
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Está Gilda Love, el legendario transformista de El Cangrejo, pero sin peineta y sin plumas. Esta noche es hombre con chaqueta de cuero y cigarro en mano. Público, vaya. Están los Don Draper de La Confitería. Están algunos que por ahí pasaban y se quedaron a ver el espectáculo Kitch cabaret. El gancho de la noche son dos bolsas de basura que Horacio Ladrón de Guevara -¡es su nombre real!- encontró frente a El Molino.

Espectáculo de cabaret en La Confitería, el pasado miércoles. CARLOS MONTAÑÉS

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Información publicada en la página 33 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 25 de octubre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

Era una noche fría de enero de hace casi una década y Horacio se quejaba a un amigo malagueño de que en Barcelona la farándula ya no tenía tablaos. En la acera, vio los bultos. Esos dos ataúdes de plástico guardaban zapatos de plataforma, mallas y un sinfín de plumas que La Maña y muchas otras vedetes lucieron en el escenario. Horacio, artista y vecino del Paral·lel, se los llevó a su casa. «Fueron los rusos. ¡Tiraron todo! Una artista inglesa recogió partituras, trozos de decorado», explica Jesús, un vecino, mientras Horacio, ataviado con traje de luces de torero y mofándose de la duquesa de Alba, entona junto con Jack Morán y Steven Fifty, dos italianos afincados en Barcelona, una canción que es toda una declaración de guerra: «I don't like sardana. I prefer rumba catalana» (No me gusta la sardana. Prefiero la rumba catalana). Así, sin disimulo.

Tras la reapertura de El Molino, Horacio ideó un cabaret con vestidos que habían salido de esas dos bolsas. Invitó a dos colegas, Jack Morán y Steven Fifty. Desde el escenario, Horacio acalla con gracia a Jesús. Como vedete, Horacio desaparece y aparece con nuevos atuendos.

Sátira mordaz

Jack Morán, voz camaleónica, se burla de los adictos al Facebook -por las caras, casi todos en la sala- mientras Steven se pasea entre el público ataviado como si fuera el Papa. El Kitch Cabaret se convierte en una sátira mordaz de la actualidad: la visita del Papa, de nuevo el Papa, la duquesa de Alba, Dalí resucitado, la contaminación, Berlusconi. Horacio emerge como alemana picante.

Horacio Ladrón de Guevara se enfada con el alcalde Jordi Hereu a quien acusa de «haber acabado con 120 salas en las que se hacían espectáculos en directo». «El Malic y el Artenbrut han cerrado. En El Cangrejo ya no se hacen espectáculos ni en el London Bar ni en La Concha. Tampoco en El Penúltimo del Born. ¡La Paloma ha cerrado! ¡Solo El Pastís resiste!», vocifera. El público asiente.

En su camisa están los nombres de artistas que, según Horacio, «respetan» la cultura en Barcelona. Mangas y cuello son transparencias. Provienen de un traje que encontró en esas bolsas de basura. «Tengo un vestido de vedete color cava. ¡Es menudo! No puedo ponérmelo, pero nunca lo he regalado. La reapertura de El Molino es una buena noticia. Es un espacio mítico que puede dar un nuevo aire a la cultura. El traje de torero estaba en esas bolsas».

Jack y Steven desmontan el escenario. Bajo la moqueta aparecen cajas de plástico. «Así está la cultura ahora en Barcelona», dice Horacio y señala las cajas. Son de reparto.

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