Fue meter la llave en el bombín y saber que algo no iba bien. Esencialmente, porque se quedó en la mano con la cerradura de su piso. «Nada más entrar vi que todas mis pertenencias estaban tiradas por el suelo. Habían registrado toda la casa y abierto todos los cajones», cuenta Luis, vecino del paseo de Andreu Nin. «Lo peor es la sensación de que profanan tu intimidad. Te sientes violado».
Información publicada en la página 25 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 30 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Le robaron su equipo de música, 400 euros en metálico y su ordenador. «El dinero es lo de menos. Pero me ha dejado hecho polvo perder cientos de fotos. Ningún seguro me puede devolver las fotos de la infancia de mi sobrina», cuenta.
Pero su casa no fue la única que robaron. Entre finales de mayo y junio, se produjeron robos en al menos una decena de viviendas en el barrio de Porta, además de varios sabotajes en los párkings de esas fincas. Al final, se logró una descripción de los ladrones –varones, bien vestidos y de aspecto agradable–, y profesionales. Los agentes de la policía científica no encontraron huellas. «Todos estos ven CSI y toman precauciones», dijeron.
Esa serie de incidentes ha cambiado la mentalidad de los vecinos. Se sucedieron reuniones de las comunidades y se empezaron a tomar medidas. Los que pudieron, instalaron rejas en ventanas y patios interiores, colocaron alarmas y pusieron puertas blindadas. Los que no, llegaron a colocar pegatinas falsas de empresas de seguridad como efecto disuasorio. «Al ver lo caro que resultaba instalar cámaras, algunos propusieron colocar cámaras falsas», explica Luis, que ha enrejado su ventana. En la escalera de al lado van a forrar las canalizaciones del gas para que no se pueda trepar por ellas.
Luis ha comprobado cómo la psicosis altera la relación entre vecinos. «Vino un amigo a verme y un vecino le gritó que quién era y qué hacía allí».