La legislatura que llega a su fin será conocida como la segunda parte de un tripartito de izquierdas que acabó con la larga hegemonía de CiU y la era Pujol. Pero también, bajando al terreno de las realizaciones concretas, como la legislatura del tren (AVE y Rodalies) y en especial del metro, cuyas costosas inversiones pagan íntegramente las arcas de la Generalitat. Con la apertura ayer de la prolongación de la L-2 hasta el centro histórico de Badalona, la red llega a los 100,2 kilómetros con un total de 137 estaciones. Cuando a final de julio se consume la sexta ampliación en los últimos 20 meses, la de la L-5 de Horta a Vall d'Hebron cuyo fiasco causó el síndrome del Carmel, estas cifras aumentarán aún más hasta 102,8 kilómetros y 140 paradas.
Andén central de 100 metros de largo de la nueva estación de la L-2 de Badalona Pompeu Fabra, ayer. JOAN PUIG
Información publicada en la página 30 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 12 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Todos los 15,6 kilómetros de red (18% más), y sus correspondientes 14 estaciones (11%), abiertos desde octubre del 2008 cuando empezó la racha con la L-3 hasta Trinitat Nova y siguió con los tres largos tramos de la L-9/L-10 hasta La Sagrera, se sitúan en la pota nord demográfica y territorial del área metropolitana. Se trata del continuo urbano con cerca de un millón de habitantes del Barcelonès Nord que forman Badalona, Santa Coloma de Gramenet y Sant Adrià de Besòs (375.000) y los tres distritos más septentrionales y populosos de la capital, Nou Barris, Sant Andreu y Sant Martí (535.000).
A este notable crecimiento de la red y a la cifra simbólica de los 100 kilómetros se refirió el presidente José Montilla cuando en un intento de mostrar los bíceps de su obra de gobierno el día después de la gran marcha contra los recortes del Estatut proclamó: «Defender el autogobierno no es una abstracción, es defender los medios para hacer obras como esta que mejoran la vida de miles de personas».
El tramo de la L-2 abierto entre Pep Ventura y Badalona Pompeu Fabra mide solo 644 metros, pero ha costado 70 millones y cinco años de céntricas calles abiertas en canal, un tiempo que se ha hecho interminable para muchos vecinos y comerciantes que incluso protagonizaron algunas protestas. El túnel se ha construido a cielo abierto entre pantallas pero la aparición, primero, de un subsuelo mucho más duro de lo previsto y el hallazgo, después, de destacados restos romanos han alargado una y otra vez los trabajos.
Donde ahora están los dos monumentales vestíbulos independientes de la estación (800 metros cuadrados cada uno), con accesos desde las calles de la Creu y de Martí i Pujol, y debajo de ellos el andén central de 100 metros de largo, se descubrió un asentamiento romano, un gran centro productor de ánforas y una necrópolis de los siglos I antes y después de Cristo.
INSTALACIÓN ARTÍSTICA / Este pasado romano que Badalona enarbola con orgullo como seña de identidad ha inspirado también la instalación artística con la que la Conselleria d'Obres Públiques que dirige Joaquim Nadal personaliza y vincula estas nuevas insfraestructuras con su entorno humano. El artista Jordi Pablo es el autor de un enorme y espectacular montaje que utiliza los hallazgos arqueológicos para referirse al pasado y contraponerlo al presente con imágenes de la quema del demonio en la fiesta tradicional de la ciudad.
La obra mezcla proyecciones en la bóveda del techo, simbolizando un cielo lleno de estrellas, con figuras de diablos en llamas en la playa en unos paneles laterales retroiluminados. Grandes palabras en el latín de los romanos recuerdan en las paredes la tradición de Sant Anastasi en la que se sitúa la celebración.
La nueva estación de Badalona Pompeu Fabra, que rinde también homenaje al lingüista padre del catalán moderno que vivió 30 años en la ciudad y creó aquí su diccionario normativo, dará servicio inicialmente a 11.000 usuarios al día. A medio plazo, cuando vayan cuajando las nuevas conexiones con la
L-9/L-10 se prevé que la cifra aumente hasta 15.000.