El Periódico

LA PRESERVACIÓN DEL PATRIMONIO NATURAL EN EL GRAN PULMÓN BARCELONÉS

Collserola combate una plaga de árboles de origen asiático

Los ailantos, que se cuentan por miles, tienen una gran fuerza para rebrotar de la raíz

El parque ha logrado por fin un efectivo sistema de control, pero resulta muy caro

ANTONIO MADRIDEJOS
BARCELONA

Lunes, 17 de noviembre del 2008

  • Un ailanto de Collserola, con sus típicas hojas compuestas.

  • Técnicos de Collserola aplican herbicida en varios ailantos, posiblemente comunicados, cerca de la iglesia de Santa Maria de Vallvidrera.

  • Un ailanto de Collserola, con sus típicas hojas compuestas.

Tras una década de trabajos sin éxito, los técnicos del parque de Collserola están convencidos de que por fin han encontrado un método efectivo para frenar la expansión de los ailantos, unos árboles invasores que se cuentan por miles en todos los rincones de la sierra. En vez de arrancarlos, los envenenan con un herbicida biodegradable que penetra hasta las raíces, evita el peligroso rebrote y no afecta a los restantes árboles.

Los primeros ailantos, árboles originarios de China, fueron plantados en Collserola hace medio siglo para fortalecer taludes en las carreteras y evitar la erosión, aunque algunos particulares también vieron en ellos una forma de embellecer los jardines. Nadie imaginó por aquel entonces que, de forma natural, se reproducirían tanto y llegarían a convertirse en un problema ambiental de primera magnitud: "Cuando pienso en ellos, pienso en las ratas", resume Marià Martí, gerente del parque.

Los ailantos son visibles en toda la sierra de Collserola, aunque especialmente en las áreas más humanizadas de la vertiente barcelonesa, como en los alrededores de la carretera de Vallvidrera y las cercanías del cementerio. Es difícil precisar cuánto territorio han colonizado puesto que a menudo constituyen manchas aisladas o periféricas en bosques de robles o pinos, pero ya ocupan al menos 40 hectáreas, según cálculos de Joan Vilamú, técnico del parque.

Al margen de la estética, los ailantos no tienen ningún atractivo puesto que ni alimentan a la fauna ni su madera es apreciada en carpintería. En cambio, compiten por los nutrientes del suelo con las especies típicas del parque. "No, no acaban con las encinas o los pinos --comenta Vilamú--, pero sí merman su crecimiento y tienen más facilidades para colonizar terrenos sin vegetación". En Collserola crecen 70 especies diferentes de flora foránea, incluyendo algunas muy ubicuas como las robinias, los higos chumbos, la caña, las pitas, las mimosas o las fitolacas americanas, "pero ninguna, salvo el ailanto, es por ahora un auténtico problema", dice Martí.

HASTA 20 METROS

Los ailantos (Ailanthus altissima) pueden medir hasta 20 metros de alto, pero lo más frecuente en Collserola son los grupos de varios ejemplares de porte casi arbustivo. Además de un crecimiento rapidísimo --hasta un metro en un año-- y de la facilidad de las semillas para ser transportadas por el viento, el grave problema de los ailantos es que tienen una gran facilidad para rebrotar de las raíces escondidas. Si se talan, pueden surgir de nuevo a unos metros de distancia. De hecho, hay muchas posibilidades de que árboles próximos compartan una misma raíz, dice Vilamú: "Por eso hay que ir más lejos".

Los ensayos de erradicación se realizan generalmente en manchas aisladas y se actúa siempre en bloque, es decir, se atacan todos los árboles próximos. Primero se hace un agujero en el tronco con un taladro y luego se inyecta el herbicida, una mezcla desarrollada por los propios técnicos del parque a base de tres productos conocidos (glifosato, picloran y MCPA). Los resultados son espectaculares: "Al cabo de una semana, el ailanto ya está moribundo, mientras que las especies vecinas ni lo han notado", explica el técnico Jordi Nadal. Lo más sorprendente es que ailantos no tratados y situados relativamente cerca también pueden acabar muriendo porque se comunican por las raíces. "Antes, esta riera estaba llena de ailantos", presume Martí mientras señala una zona con pequeñas encinas y lentiscos.

El problema, concluye el gerente, es que se trata de un tratamiento muy caro, tanto por los costes del herbicida como por el personal encargado de aplicarlo. No hay dinero suficiente para todos los ailantos, por lo que la estrategia actual intenta evitar que se expandan aún más y lleguen a las zonas vírgenes.

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