Tal vez no era una simple casualidad. Pero los últimos en aparecer por el control de seguridad de vuelos regionales del aeropuerto del Prat eran tres jugadores del Barça, vestidos con el discreto polo azul, que disfrutaban como niños del viaje a Goteborg, la primera parada en Suecia de una mini concentración azulgrana que terminará el sábado en Bucarest (Rumania). Iban los tres (Villa, Jordi Alba y Fontàs) con una sonrisa iluminando su rostro. Para cada uno de ellos, era, en realidad, el primer viaje.
Es el primer viaje para Villa, que ha vivido ocho largos, inacabables y durísimos meses tras ver como su tibia se fracturaba en Yokohama durante la semifinal del Mundial de clubs confinándole desde entonces a una lentísima y costosísima recuperación. El primer viaje desde diciembre, una eternidad de tiempo para un delantero que en ese largo camino se ha perdido la fase decisiva de la temporada -el Barça añoró tanto sus goles que ni siquiera pudo imaginarlo cuando se lesionó-, incluída la Eurocopa con España.
No se sabe si podrá jugar algún minuto esta noche ante el Manchester United, testigo silencioso de su gran gol como azulgrana, aquel en el que la pelota teledirigida por el 'Guaje¿ trazó una hermosa parábola en la final de Wembley para driblar el cuerpo de Van der Sar. Hace ocho meses que Villa no viajaba con el equipo. Por eso estaba exultante. Tanto, que colgó una foto en su Twitter jugando al parchís con Xavi y Pedro.
Es, también, el primer viaje para Jordi Alba, el único fichaje que ha realizado el Barcelona en este verano austero que ahoga al fútbol zarandeado, como todos, por la gravísima económica. Fue campeón de Europa con España siendo ya jugador del Barça, vino , fue presentado y sin tregua alguna cogió un avión camino de Londres para participar en los Juegos Olímpicos. De allí volvió con una dolorosa eliminación, comprobando que nada es fácil en el deporte de alto nivel y ahora, sin haber entrenado ni un solo día, se subió al avión junto a Villa y Fontàs, la tercera cara nueva del equipo.
Es, por lo tanto, el primer viaje para el central de Banyoles. Jugó poco la pasada temporada, en su estreno en el primer equipo de la mano de Guardiola, y cuando llegaba la Copa, el torneo que le habían reservado los técnicos para adquirir minutos de competición y forma, se quebró su rodilla derecha en Pamplona, rompiéndose los ligamentos cruzados. Ocho meses de desaparición para Fontàs, que no se ha visto nunca fuera del Barça, a pesar de que ahora, curiosamente, le sobran centrales a Tito. Tiene el técnico a Puyol, Piqué, Mascherano, Bartra y el propio Fontàs.
Ahí estaban los tres, casi cogidos de la mano, llegando al avión, rescatando sensaciones que tenían perdidas, sumergidos, como siempre, han deseado en el día a día del equipo, abandonando, en el caso de Villa y Fontàs, la soledad de la enfermería y descubriendo, como le ocurre a Jordi Alba, un mundo totalmente nuevo. Al llegar a Goteborg, con un cielo encapotado, un aire frío (17 grados) y acompañados por tan solo cinco aficionados, los tres escucharán la primera charla táctica con Tito.