C uando José Mourinho tuvo la cobardía de ir a buscar a Tito Vilanova por la espalda y meterle el dedo en el ojo, no podía imaginar que algún día iba a tener que mirarle de frente, cara a cara, como hay que mirar a un rival antes de un duelo. Cuando Tito Vilanova asistió a aquel vergonzoso gesto de quien se hace llamar el Único, quizá con razón porque solo él es capaz de ir metiendo el dedo en el ojo ajeno, no podía ni soñar que hoy, a tres días del inicio de la Liga, Pep Guardiola estaría en algún rincón de Nueva York y sería él quien cargara con el desafío de enfrentarse a esa bestia blanca guiada por una mano que no entiende de buenas maneras, siempre más dispuesta a lanzar un puñetazo que a estrecharla con fair play.
Tito Vilanova gesticula en el partido contra el Espanyol del curso pasado, el último de Guardiola en Liga en el Camp Nou. AP / MANU FERNÁNDEZ
Mourinho se lleva las manos a la cara durante un partido de Champions del Real Madrid. REUTERS / JUAN MEDINA
Información publicada en la página 302 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 17 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Guardiola ha desaparecido del mapa, pero en el fondo es como si todavía no se hubiera ido del todo porque su figura y su inmenso legado sigue acompañando a este Barça. Normal. Nada menos que 16 títulos le contemplan en los cuatro años más inolvidables de la historia del club, una película llena de grandes momentos y que ha marcado para siempre a quienes han tenido el privilegio de disfrutarla. A Pep le acabó apretando demasiado el cinturón, pero Tito, en cambio, se sintió con fuerzas para seguir pilotando la nave cuando Andoni Zubizarreta le puso sobre la mesa una propuesta que ni él ni nadie esperaba.
«Tito es ahora el comandante. Lo único que cambia es la cara de Pep por la de Tito. El trabajo y la filosofía siguen siendo los mismos», proclamó ayer Adriano, en una sensación que ha ido impregnando el vestuario, convencidos todos de que, sin ser Pep, Tito es capaz de mantenerles en el mismo punto donde están. Con otro estilo a nivel personal, pero sin que la maquinaria del equipo y el funcionamiento del vestuario cambien. Ahí dentro, Tito nunca ha sido un simple segundo. Ha sido mucho más que eso. No se tiene que ganar ni el respeto ni la confianza. Se los ganó hace mucho tiempo, en el día a día, y en muchas de sus actuaciones dentro y fuera del campo.
EL GRAN RETO / El Barça se enfrenta otra vez al reto de siempre y no es un reto cualquiera. Nunca lo es en el Camp Nou. Y esta vez lo hace desde una posición inédita. No es el campeón. Ni de Liga ni de la Champions. La Copa ha quedado como único título, dejando a veces en el olvido los otros tres que la acompañaron (Supercopa de Europa y de España y Mundial de Clubs), y por tanto al equipo y a Tito le espera el desafío de recuperar el trono perdido, por más que el mundo siga manteniéndolo en lo más alto, por encima del Madrid, sin atender a la clasificación, y la UEFA coloque a Iniesta y Messi en el podio de los mejores de la Champions por delante de Drogba, del Chelsea entero y del Bayern. Un poste, un penalti errado por Leo, en una caprichosa fatalidad del destino, tal vez ajustando las cuentas por aquel gol de Don Andrés en Stamford Bridge que abrió las puertas de Roma, evitó que conquistara la orejuda.
Tito empieza a todo tren. Al debut del domingo ante la Real le sigue el duelo de la Supercopa de España. El jueves aparecerá el Madrid en el Camp Nou, con un título de por medio que inevitablemente marcará los primeros pasos. Otra vez, Mou. Otra vez, la imagen del dedo que Vilanova desactivó en un plisplás («el castigo más grande para los dos son esa imágenes porque nos perseguirán siempre»), en una prueba de que también sabe manejar situaciones incómodas en la sala de prensa.
LOS GOLES DE VILLA / El Barça no tiene pinta de que vaya a cambiar. Con Jordi Alba como único refuerzo y a la espera de la llegada de Song, un fichaje que se da por hecho, el equipo será fiel al mismo dibujo que antes. A Tito se le supone más ortodoxo que a Pep, menos proclive a según qué variaciones tácticas, quizá por una cuestión de seguridad. Sobre todo ahora, necesita pisar sobre seguro, medir cada paso y no ir más lejos de la cuenta, consciente de que, por más que se le mire con buenos ojos, no tiene la autoridad para imitar a Guardiola (y equivocarse como se equivocó a veces él) en según qué decisiones.
No está Pep y está Tito. Y a su lado tendrá a Messi y a todos los demás. Los de siempre. Los que no fallan. Y ahí estará otra vez Villa. Y sus goles. Los que faltaron el año pasado para que el Barça saliera a escena otra vez con la corona del campeón.