De manera casi imperceptible al inicio y ahora mucho más evidente, Tito Vilanova está haciendo el cambio sobre la marcha. Condicionado, eso sí, por los constantes problemas en la defensa que le obligan a tomar soluciones de emergencia en algunos casos -Song, de central- o imaginativas en otro, como colocar a Adriano, un lateral en el eje de la zaga junto a Mascherano para formar la pareja defensiva que frene al Madrid. El cambio está en marcha. Y con el colchón que proporciona tener ocho puntos de ventaja transcurridas las siete primeras jornadas de Liga habiéndose disputado ya el clásico del Camp Nou.
Tito VIlanova saluda a Mourinho antes de empezar el clásico del pasado domingo en el Camp Nou. Alejandro García | EFE
Tito trabaja con varios problemas. El primero es que no ha podido articular una defensa sólida debido a las numerosas lesiones (Alves ha sido el último en caer y estará tres semanas de baja), además de que no ha podido alinear a Xavi, Busquets e Iniesta en el centro del campo (el eje del juego azulgrana) con continuidad. Tan solo han jugado juntos dos partidos (ambos de la Supercopa) de los 11 que ha disputado. Por eso, el Barça no ha tenido la paciencia, el control ni el gobierno de los partidos como solía tener con Guardiola.
Además, el equipo ha transitado de la pausa a la verticalidad en su fútbol, que es mucho más directo, provocando, eso sí, desequilibrios estructurales. Aún así, el Barça ha saldado con éxito estos primeros meses del cambio. Nueve victorias, un empate, el del clásico en la Liga, y una derrota en la vuelta de la Supercopa que le costó el título con el Madrid es el balance del proyecto de Tito. El técnico, debido al éxodo de las selecciones, dispone ahora de casi dos semanas para seguir dando vueltas a su idea de fútbol, aprovechando también que al regreso de sus jugadores contará ya, al menos, con Piqué.