Si Messi hubiera sido realmente Messi ante el Chelsea cuando aquel penalti se estrelló en el larguero de la portería de Cech... Si Ronaldo hubiera sido realmente Ronaldo cuando tiró un penalti que atrapó Neuer... Pero ninguno fue lo que suele ser ya que si no el Barça tendría mañana la posibilidad de alzar en Múnich su quinta corona europea y el Madrid de pelear por la décima. Ni uno ni otro estarán en el modernísimo Alliaz Arena, el paraíso perdido donde se encuentran ahora Bayern, el anfitrión de la final, y Chelsea, en el partido de su vida. De nuevo.
El Allianz Arena de Múnich, el escenario de la final de mañana, iluminado ayer. AFP / CRISTOF STACHE
Información publicada en la página 49 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 18 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Es el partido más importante de mi carrera», grita Ribery, el delantero francés del Bayern, consciente de que se halla ante la ocasión para entrar en la historia. «Después de eliminar al Barcelona, es nuestra oportunidad», dijo Cech, el muro contra el que se estrelló el Barça, tanto en Stamford Bridge como en el Camp Nou. «Es el partido de mi vida, no quiero volver a perder como hace dos años», recuerda Robben en alusión a la derrota, precisamente, en el Bernabéu ante el Inter de Mou.
Viejas fracturas
Tanto Guardiola, que está haciendo las maletas mientras prepara la final de Copa del próximo vienes, como Mourinho tendrán que ver la final por la televisión. Si el Barça hubiera estado en Múnich, el proceso de agitación que vive el entorno desde que el técnico anunció su marcha al sentirse «vacio» se habría retrasado casi un mes más. Pero el Barça fue incapaz de eliminar al Chelsea y el entorno, rescatando viejas fracturas del barcelonismo, sin reparar en que al equipo le queda aún una final, la de Copa el viernes 25 en el Calderón, y que Guardiola se ha ido. Pero no del todo. Y que Tito se queda, pero aún no ha abierto la puerta del despacho de la ciudad deportiva para quedarse al frente del Barça.
Debates en el Bernabéu
El Madrid, en cambio, anda ya de vacaciones, debatiendo si Higuaín se va, buscándole destino a Kaká, mientras el Barça está de efemérides. Tal día como ayer, Belletti, bajo la lluvia de París, entró en la eternidad con el gol que dio la segunda Champions al club. Y el domingo, se cumplirán dos décadas desde que un inolvidable zapatazo de Koeman acabó con una maldición en el viejo Wembley inaugurando el viaje por la gloria. Pero no hay parada mañana en Múnich.