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El maleficio de Messi

El argentino envió dos tiros al palo, uno de penalti, y se volvió a quedar sin marcar ante el Chelsea en su octavo partido

El Balón de Oro terminó llorando desconsoladamente

Miércoles, 25 de abril del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JORDI TIÓ
BARCELONA

Todas las desgracias del mundo se presentaron anoche en el Camp Nou para impedir de forma despiadada que el Barça alcanzara la final de Múnich. El maleficio de Stamford Bridge tuvo su continuidad en el santuario barcelonista, profanado por un Chelsea que se tomó una fría y estudiada venganza por el Iniestazo del 2009. Seguramente ahora ya dejarán de pensar en él.

Messi lanza al larguero el penalti que podía darel pase a la final. AFP / ADRIAN DENNIS

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Quien no olvidará la noche de ayer será el Barça. Y Messi. El mejor jugador del mundo se topó con algo desconocido para él. Acostumbrado a derribar a sus oponentes a base de goles, volvió a tropezar ante su bestia negra. El de ayer era el octavo partido del argentino ante el equipo inglés y en ninguno de ellos logró perforar su portería. Pero para mayor alucine, incluso estrelló un penalti en el travesaño. Lo nunca visto. Luego, el palo volvió a impedir que estableciera el 3-1 que daba la clasificación. Por eso Leo acabó llorando sobre el césped mientras los jugadores ingleses le buscaban para saludarle y, quién sabe, pedirle perdón. O consolarle. Pero era inútil, Messi estaba ido, abatido, porque seguía dando vueltas a tanta y tanta desgracia.

Batacazo de Piqué

El infortunio ya empe zó en el minuto 25. Valdés impactó contra Piqué en una salida alocada y tumbó al defensa, quien se quedó grogui. Trató de continuar pero fue inútil. Fue sustituido por Alves y trasladado al hospital para evitar males mayores.

Los dos goles azulgranas en apenas 10 minutos, de Busquets e Iniesta, parecieron dejar despejado el camino, pero la desgracia siguió atormentando a los azulgranas. Prácticamente en el único balón perdido en el centro del campo, cuando lo más difícil ya estaba hecho y tan solo se trataba de aguantar para llegar al descanso, Ramires cazó la pelota y corrió como un poseso para plantarse ante Valdés y batirle por alto magistralmente. Como en la ida, el Chelsea metió dentro la única que tuvo en 45 minutos. Ante eso, más de uno pensó que el Barça era víctima de un mal de ojo.

Un rayo de esperanza, sin embargo, iluminó el Camp Nou a los dos minutos de la reanudación. Un penalti de Drogba a Cesc abrió de par en par la autopista hacia Múnich. Leo cogió el balón, lo plantó ante el gigantón Cech y tiró a asegurar: fuerte y arriba. El travesañó hizo el resto y dejó abatido a Leo, impotente ante tanda desgracia, rematada más tarde por otro tiro al palo.

Messi tardó un rato en volver al partido. Hasta ayer llevaba nada menos que 14 goles en la Champions, uno más le hubiera colocado como el máximo realizador continental en una sola temporada, pero no era su noche, una negra jornada en la que posiblemente también empezó a perder el Balón de Oro, el que sería el cuarto consecutivo, para felicidad de Cristiano Ronaldo.

Torres remata la labor

El maleficio cerró el círculo de la peor de las maneras, como si incluso se mofara del Barça de Guardiola. Drogba, asfixiado, fue sustituido por Fernando Torres, el mismo que lleva casi un año arrastrándose por Londres tras meses y meses sin ver puerta. Pues bien, fue pisar el Camp Nou, encontrarse a su viejo amigo Puyol y recuperar recuerdos olvidados. Podría haber esperado un poco más, ya no le venía de una semana, pero no. Por eso todo fue incluso más cruel. El exdelantero del Atlético, con el que se hartó de marcar en el Camp Nou, se encontró con un balón de la nada y con todo el campo ante sus narices con Valdés al fondo. Corrió y corrió, dribló al portero y marcó a puerta vacía. Primero pareció no celebrarlo, quizá hasta por vergüenza, pero luego se desató, con moderación, eso sí.

El partido terminó con Drogba rezando en el banquillo y Messi derramando lágrimas. No era para menos. Ni el mejor jugador del mundo ni el mejor Barça de la historia merecían este castigo.

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