El Periódico

Luis Enrique no llora

El técnico se desmarca de las quejas de Piqué contra los arbitrajes y aplaude su «intachable» conducta y la del club

Luis Enrique no llora

ALBERT GEA

Luis Enrique, en un momento del entrenamiento previo al partido frente al Athletic.

Martes, 10 de enero del 2017 - 18:45 CET

Se le nota. Se le nota mucho. A Luis Enrique hay momentos que le encantaría tener 20 años. O 22. Seguir siendo futbolista. Uno de ellos. Hoy, sin ir más lejos, es uno de esos días. Un día caliente, ideal para su temperamento noble, competitivo, determinante. Sentir el calor de los suyos y salir a por el rival, acorralarlo, competir, vencer. Disfrutar de la pasión del fútbol, del ambiente copero, de la posibilidad de levantar una eliminatoria en casa, en un ardiente Camp Nou.

Todo eso, y más, es lo que sentía ayer Luis Enrique y que logró transmitir en su conferencia de prensa, más agradable que nunca, más cercana que nunca, más sincera que nunca. De ahí que la primera lectura sea la de transmitir, de cara al partido de vuelta de Copa (21.15 horas, beIN LaLiga) frente al Athlétic (1-2), la necesidad de contar con un Camp Nou lo más parecido al San Mamés del jueves e, incluso, contagiar a los suyos, ya de por sí dispuestos al derroche, de esas ansias y predisposición a dejarse la piel en el campo para no perder, ya, la senda del primer gran título de la temporada.

El Barça jugará con el equipo de gala y apela a la fuerza del Camp Nou para remontar (1-2) en un duelo bajo presión

Luis Enrique no tiene duda alguna de que su equipo está listo para el pulso físico que le propondrá Ernesto Valverde. «uno de los mejores entrenadores que conozco». También cree que el ambiente en la plantilla «no puede ser mejor, pues todo está en sintonía, ya que si hay alguien acostumbrado a vivir, trabajar, entrenarse y jugar con ruido a su alrededor, ese es el Barça».

El Barça, según Luis Enrique, necesita un Camp Nou entregado, a tope y empujando. Un San Mamés caliente, que no agresivo, ni hostil. Ya no hay amigos. Aparcadas las banderas, los ADN futbolísticos de unos y otros no tienen nada que ver, aunque las disputas coperas (28 títulos para el Barça; 24 para el Athletic) demuestran que la igualdad es absoluta. De ahí que, de la misma manera que los 44.772 espectadores del jueves fueron vitales para que aquello acabase (2-1) (¡y con nueve los de casa!), ahora el Barça necesite el empuje de los para remontar.

El año no ha podido comenzar peor para los barcelonistas. Y no hablamos, no, de los árbitros («el comportamiento del club y mío ha sido intachable»), sino de las ocasiones perdidas para ganar en la ‘catedral’ y en Vila-real. Puede que Luis Enrique, de la misma sangre caliente que Gerard Piqué, piense lo mismo que él sobre los arbitrajes, pero su comportamiento debe ser «intachable». Es evidente que hay que regresar a la senda de los títulos para volver a pisar la alfombra roja del Balón de Oro, Bota de Oro y ‘The Best’.


LA MALA RACHA DE NEYMAR

Nadie sabe cuál será el futuro de Luis Enrique, aunque sabido es (no olvidar el adiós de Guardiola), que cuanto más se retrase todo, más posibilidades hay de que no renueve. Todos saben que, si Valverde no hubiese tenido contrato con ‘su’ Athletic, ahora estaría sentado en el trono de ‘Lucho’. Quién sabe si será su relevo. Lo que sí se sabe es que todas las miradas volverán a depositarse en Messi, que tampoco ha renovado y sigue siendo quien lo decide todo. Incluso si Neymar acabará hoy con su pésima racha de casi 1.000 minutos sin marcar.

Es la noche en la que los ‘amigos de Messi’, como llaman, eso sí, peyorativamente, en Argentina a la albiceleste, deben demostrar que no fueron a la gala de ‘The Best’ porque querían arrollar al Athletic. Como dijo Luis Enrique, mejor no ver la tele para no presenciar determinados shows. Hoy ‘The Best’ volverá a vestir de blaugrana, aunque el trofeo viva en una vitrina de Madrid. El Barça quiere tener este miércoles un comportamiento futbolístico «intachable». Porque, como reconoció ‘Lucho’, «lo fácil es quejarse, llorar». Y este es un equipo que, en lugar de lágrimas, chorrea goles.

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