El Periódico

Kubala: el héroe que cambió la historia del Barça

Al primer ídolo de masas del Barça apenas se le había dedicado un libro

El periodista Frederic Porta repara esa deuda con la biografía novelada de Ladislao Kubala para recordar su figura, darle la dimensión que merece y para que las nuevas generaciones de

Sábado, 10 de noviembre del 2012

  • Les Corts se llenaba a rebosar para ver a Kubala, que se retiró en 1961 ya en el Camp Nou. Abajo, izquierda, con Di Stéfano y, derecha, con Bosch, Basora y Samitier, al regreso de Londres. Debajo, con el Hungaria, el equipo con el que visitó por primera vez Barcelona.

  • Les Corts se llenaba a rebosar para ver a Kubala, que se retiró en 1961 ya en el Camp Nou. Abajo, izquierda, con Di Stéfano y, derecha, con Bosch, Basora y Samitier, al regreso de Londres. Debajo, con el Hungaria, el equipo con el que visitó por primera vez Barcelona.

  • Les Corts se llenaba a rebosar para ver a Kubala, que se retiró en 1961 ya en el Camp Nou. Abajo, izquierda, con Di Stéfano y, derecha, con Bosch, Basora y Samitier, al regreso de Londres. Debajo, con el Hungaria, el equipo con el que visitó por primera vez Barcelona.

  • Les Corts se llenaba a rebosar para ver a Kubala, que se retiró en 1961 ya en el Camp Nou. Abajo, izquierda, con Di Stéfano y, derecha, con Bosch, Basora y Samitier, al regreso de Londres. Debajo, con el Hungaria, el equipo con el que visitó por primera vez Barcelona.

  • Les Corts se llenaba a rebosar para ver a Kubala, que se retiró en 1961 ya en el Camp Nou. Abajo, izquierda, con Di Stéfano y, derecha, con Bosch, Basora y Samitier, al regreso de Londres. Debajo, con el Hungaria, el equipo con el que visitó por primera vez Barcelona.

  • Les Corts se llenaba a rebosar para ver a Kubala, que se retiró en 1961 ya en el Camp Nou. Abajo, izquierda, con Di Stéfano y, derecha, con Bosch, Basora y Samitier, al regreso de Londres. Debajo, con el Hungaria, el equipo con el que visitó por primera vez Barcelona.

Lázsló Kubala Stecz murió hace ya 10 años, pero su recuerdo perdura y debería perpetuarse en el tiempo. Forma parte indispensable del exiguo santoral azulgrana, ese privilegiado club integrado por Joan Gamper, Pepe Samitier, Johan Cruyff y el prodigioso húngaro, a la espera de que la historia incorpore a Pep Guardiola y Leo Messi cuando hayan entregado su hoja de servicios ya completada.

Se dice que el fútbol español no ve más allá del último marcador y del próximo partido, que no guarda veneración por los ilustres de los viejos tiempos, en absoluto contraste con otros países, ávidos por transmitir el recuerdo de los mejores a las nuevas generaciones. Aquí, la transmisión de las proezas siempre ha sido por tradición oral: percepciones y leyendas repletas de inexactitudes que el tiempo da por buenas. Kubala! El héroe que cambió la historia del Barça (Ediciones Saldonar), desea que las nuevas generaciones conozcan al astro, un nombre imprescindible en la historia del club, y que los viejos aficionados recuerden su grandeza con un enfoque más ajustado a la realidad. Estas son algunas de las innumerables peripecias de Kubala.

EL FICHAJE

Samitier frustra la iniciativa del Madrid

Kubala llega a España en 1950 enrolado en el Hungaria, equipo formado por disidentes del Este que buscan fortuna en el fútbol mediterráneo. Juega dos partidos en Madrid y llama la atención del Real, el Atlético y el Racing de Santander, ya al corriente de su fama. Y también del sagaz Pepe Samitier, entonces director técnico del Barça.

El Madrid entabla negociaciones con él llegando a un acuerdo verbal, pero Samitier, aprovechando un partido en Sarrià, se entromete tras obtener plenos poderes de la directiva de Agustí Montal Galobart. Le asalta y aprovecha que Kubala no habla aún castellano para hacerle creer que sigue en trato con los blancos. Hasta que se cambia la chaqueta sobre la marcha, le cuenta la verdad y lanza un órdago a la grande: 300.000 pesetas de la época al contado cuando firme contrato con el Barça, otras 700.000 de ficha anual, contrato de tres años y la promesa de que el club traerá a su esposa e hijos, aún retenidos tras el telón de acero. Samitier redondea la propuesta con la baza definitiva: su cuñado, Ferdinand Daucik, será el próximo entrenador del equipo. En aquel momento, César Rodríguez y Josep Gonzalvo gozan de los sueldos más altos: apenas 120.000 pesetas al año.

Cuando la directiva pregunta a Samitier cómo piensa amortizar tal barbaridad, L'home llagosta no pierde la calma: organizando amistosos que generen suculentas taquillas. Exactamente, tal como haría 23 años más tarde Agustí Montal Costa para sufragar el millón de dólares que costó el traspaso de Johan Cruyff desde el Ajax holandés. En efecto, todo está ya escrito en la historia.

LA AYUDA DE FRANCO

El fugitivo del 'terror rojo' se españoliza

Sobre Kubala pende una prohibición: ha huido de Hungría dejando un contrato en vigor con el Vasas de Budapest. A instancias de la federación magiar, la FIFA le suspende, pero Samitier se las sabe todas y convence a su íntimo amigo Francisco Franco, el Caudillo, para que, al cabo de unos meses, Kubala sea nacionalizado español y pueda jugar por fin la Copa de 1951. La propaganda del régimen le presenta como un fugitivo del terror rojo -el comunismo- que ha optado por la paz y la libertad. Kubala enloquece a los seguidores azulgranas desde el primer día. Nunca han visto algo similar. Empieza el Barça de las Cinco Copas, adalid del fútbol espectáculo que tanto agrada a los seguidores. Otra lección: el modelo actual arranca con Kubala y Daucik, dos décadas antes de que Michels y Cruyff sentaran las bases.

EL IMPACTO

Una calidad técnica nunca vista antes

Les Corts nunca había visto algo igual. Kubala importa el lanzamiento con paradinha en los penaltis -solo falla dos en su carrera-, los tiros con efecto, la protección del balón con todo el cuerpo, la permuta de posiciones con César que enloquece a las defensas y, también, el chut dirigido con el empeine. De paso, insta a sus compañeros a realizar ejercicios de calentamiento antes de los partidos, práctica desconocida hasta entonces. Su aportación beneficia a sus compañeros, que mejoran de la noche al día, y admiran y veneran a El Cabezón, su alias de vestuario, por su sencillez y generosidad.

La pasión de Kubala por el fútbol es excesiva: pasa horas tocando el balón para pulir su prodigiosa técnica, insistencia que aburre incluso a sus íntimos amigos, César El Pelucas Rodríguez y Gustavo El Gitano Biosca. Arrasan allá donde juegan y Les

Corts se llena a reventar. A los cuatro días de su aparición, el barcelonismo coincide en la necesidad de construir un Camp Nou. Kubala es un fenómeno social extraordinario y, como escribe Josep Pla, todos los perros, gatos y mascotas de Catalunya son bautizados con su nombre.

LA QUINTA COPA

Primer recibimiento multitudinario

El Barça gana la Copa Latina en París al imponerse al Niza con gol de César. Es la última de las Cinco Copas. El equipo tarda dos días en regresar y Catalunya tiene tiempo para preparar un recibimiento nunca visto. El tren llega de buena mañana a la frontera y entonces se desata el éxtasis: la expedición es obligada a bajar del tren en cada pueblo del recorrido para ser agasajada. Comen en la Fonda Europa de Granollers y Ramallets, héroe de la final, es arrancado del comedor para ser paseado a hombros por la ciudad. La directiva incita a los aficionados a desplazarse a Mataró y acompañar a la expedición hacia el centro de Barcelona. Miles de coches, motos, bicicletas y sidecars escoltan a los héroes. Los controlados diarios de la época no dan cifras, pero la leyenda asegura que más de un millón de barceloneses aclamaron a los campeones. Las autoridades franquistas se contagian de la euforia y prometen colaborar en la construcción del nuevo coliseo ya que «el Barcelona es el mejor equipo europeo y el más distinguido embajador del deporte español».

EL CAMBIO

Las cenas de la calle París con Di Stéfano

El franquismo se cambia de chaqueta, olvida la devoción por Kubala y recela del sentimiento catalanista que sigue cobijado en el alma del

Barça. Samitier ficha a Di Stéfano, pero el régimen realiza un cambalache para que acabe vestido de blanco, ya que el Barcelona no consigue alcanzar un acuerdo con Millonarios de Bogotá, en el que jugaba La Saeta Rubia antes de dar la gran espantá.

Di Stéfano permanecerá tres meses en la capital catalana y traba una íntima amistad con Laszi, que extienden a sus respectivas familias. Al final, las explícitas amenazas sobre el presidente Martí-Carreto y las arbitrarias decisiones de los rectores del deporte español consiguen que Alfredo juegue en Madrid. Aún siendo rivales, la amistad perdurará para siempre: cada vez que Di Stéfano puede, viaja a Barcelona para cenar con Kubala y el uruguayo Villaverde en el reservado de un restaurante de la calle París. Allí departen hasta el amanecer. Siempre con el fútbol como tema de conversación.

LA DÉCADA PRODIGIOSA

Una delantera plagada de estrellas

La formidable proyección de Kubala convierte los años 50 en la década prodigiosa del Barça y dispara su masa social. Entre los abundantes detalles que merecen pátina de posteridad, el club reúne antes de la final de Berna a la mejor delantera jamás vista en un equipo. Cualquier club del planeta habría vendido su alma al diablo por disponer tan solo de un par de esas rutilantes estrellas. Diez auténticas figuras contratadas gracias al trabajo de Samitier como secretario técnico y las recomendaciones del fenómeno húngaro: Tejada, Villaverde, Eulogio Martínez, Kocsis, Czibor, Suárez, Evaristo, Ribelles, Lluís Coll y el propio Kubala. Pese a sus tensas relaciones con el clan magiar, Helenio Herrera opta por imponer rotaciones para contentar a tanto crack. Las 17 lesiones graves sufridas al servicio del Barça merman el físico de Laszi, pero su autoridad y ascendente moral continúan incuestionables. Aun así, el club se presenta al partido más importante de su historia, la desgraciada final de Berna contra el Benfica, sin presidente, en manos de una gestora, con entrenador provisional en el banquillo y la joya del futuro, el joven Suárez, ya vendido al Inter por 25 millones de pesetas.

EL FINAL

La 'traición' de acabar en el Espanyol

Kubala cuelga las botas tras la fatídica final de los postes cuadrados disputada en Berna. Tal como era su deseo, el club le nombra director de la escuela de fútbol, la protoMasia, pero la mala marcha del equipo, en plena transformación, obliga al presidente Enric Llaudet a olvidar el pacto privado. Le urge a entrenar al primer equipo cuando su contrato aseguraba que no cogería a los profesionales antes de tres años y siempre como entrenador puente, a la espera del sucesor.

Tras un buen inicio, el panorama se nubla y Kubala es cesado, sin posibilidad siquiera de regresar a la escuela porque ha sido clausurada por falta de presupuesto. En una última intentona, le pide a Llaudet volver a ser futbolista del

Barça, ruego rotundamente negado por el directivo. Dolido en su orgullo y parcialmente recuperado de las lesiones que empañaron sus últimas campañas, se ofrece gratis al Español para seguir con su pasión de jugar, a pesar de los 36 años ya cumplidos.

La legislación impide jugar en Primera sin cobrar y el propio Kubala da la solución a los periquitos: «Pagadme un sueldo de 500 pesetas que yo entregaré a obras de beneficencia». No quiere moverse ya de Barcelona, a pesar de que le han tentado sistemáticamente con sueldos de fábula la Juventus, el Inter, el Milan e incluso el River Plate. Desea que su familia y sus tres hijos echen raíces aquí, pero el barcelonismo interpreta su traslado a Sarrià como una profunda traición al sentimiento culé. La prensa local lo trata sin piedad, con artículos titulados, por ejemplo: «Kubala se ha vendido por un plato de lentejas».

El filial regresa a la División de Plata dos años después de perder la categoría