En el mundo, donde se concentran 193 estados reconocidos, existen los himnos nacionales largos, los medianos, los cortos y, desde ayer, los muy cortos, cortitos, cortitos. Diría que hasta imperceptibles. Y es que la versión del himno nacional español que sonó por la megafonía del estadio Vicente Calderón fue la más reducida de la historia. No ya de España, desde luego, sino del universo. Apenas cinco segundos y venga, a jugar.
Información publicada en la página 107 de la sección de Fútbol de la edición impresa del día 26 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ni los miles y miles de vatios de la megafonía pudieron aplacar la impresionante pitada que ambas aficiones dedicaron al príncipe Felipe al entrar en el palco, momento en que empezó a sonar el himno con los equipos esperando hacía ya varios minutos en el césped. Se interpretó el himno, sí, pero el estruendo fue tal que más de uno se preguntó si realmente había sonado. Lo que sí se escuchó, y con toda su fuerza, fueron los gritos de «¡i-inde-independencia!» que corearon al unísono catalanes y vascos, a la vez que un gran mural rojiblanco decoraba el área bilbaína y dos senyeres y una gigantesca sábana con el escudo del Barça la zona culé.
Brazos al cielo
Con el príncipe forzando una trabajada sonrisa, al menos al entrar al palco, y seguramente maldiciendo las cacerías africanas de su padre, el respetable también mandó recuerdos a una mujer que ayer no apareció por la zona noble pero que los oídos, allí donde estuviera, le silbaron de lo lindo. «Esperanza, hija de...». Si de ella hubiera dependido, se suspende el partido, vamos. Es lo que tiene meterse en berenjenales: acabas hecho unas trizas.
El balón empezó a rodar y los ánimos se calmaron. Por pocos segundos. El tempranero gol de Pedro dio todo el oxígeno a los culés y ahogó a los bilbaínos, atenazados ya por el síndrome de Bucarest, un mal que les perseguirá durante décadas.
El segundo tanto del Barça, el de Messi, destrozó el protocolo del palco. Xavier Trias, alcalde de Barcelona, levantó los brazos cuando vio culminar semejante jugada de tiralíneas, exponente del mejor fútbol del Barça de Guardiola. No fue una celebración a lo Sandro Pertini, como en el Mundial del 82 entre Italia y Alemania, pero permitió romper las encorsetadas formas del palco, donde también estaba Shakira que al final bailó junto a Jordi Moix. Pero lo alucinante vino en la segunda parte.
Cachondeo final
La melodía es tan vieja como el andar, pero en el contexto actual se la esperaba y apareció con toda la fuerza de un hit de grandes éxitos. «Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña...». Y así una y otra vez, en memoria del paquidermo abatido por el rey Juan Carlos en Botsuana. La mofa duró un buen rato hasta que los bilbaínos dijeron basta con un «Athletic, Athletic...» que surgía del alma de una afición agradecida a los suyos por una temporada maravillosa pero con triste y amargo final.
El homenaje final fue para los culés y, especialmente, para Guardiola, aclamado tras cuatro años de gloria. El hermanamiento vasco-catalán quedó rematado con la afición rojiblanca ovacionando a Xavi al ser sustituido y los azulgranas gritando: «Athletic, Athletic». Hermoso.