La frialdad marcó el reencuentro de Tito Vilanova y José Mourinho en el Camp Nou como primeros espadas. Si alguien esperaba algo especial, algún que otro ademán con morbo, se quedó con las ganas. El técnico portugués saltó al campo junto a su equipo. Se colocó el último de la fila, con una gran toalla blanca en las manos (puede que temiera sudar más de la cuenta), y se fue directo a su asiento. Más tarde lo hizo Tito y también se acomodó en su butaca de siempre.
Información publicada en la página 307 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 24 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Pero nada más sentarse, Tito volvió a levantarse porque había olvidado un detalle. Con paso firme se dirigió hacia su derecha y tras sortear una nube de fotógrafos halló lo que buscaba. Se acercó a Mou y este, que debía de vigilarle por el rabillo del ojo, se levantó nada más divisar la figura de su colega. Encararon las manos, dos palabras y fuera. Nada que ver con las encajadas, abrazos y besos (Casillas besuqueó a sus compañeros de selección) entre azulgranas y blancos en el renovado túnel de vestuarios.
Empezado el partido, Tito tardó exactamente 56 segundos en levantarse y quedar plantado en el área técnica. Mou estuvo sentado prácticamente toda la primera parte, espachurrado (sí, sí, literalmente) en algunos momentos como si estuviera en el sofá de su casa, y solo se atisbó su figura para protestar una decisión de Clos Gómez.
Cambio de decisión
Y entonces llegó una de las imágenes del partido. El técnico blanco decidió que, faltando un minuto para el descanso, ya tenía suficiente y se fue para el vestuario. Algo ya habitual. Pero algo, o mejor dicho, alguien, le hizo desistir de su primer pensamiento. Al bajar las escalerillas del campo, atisbó la figura de Francesc Satorra, el responsable del túnel de vestuarios desde hace más de 30 años y que se convirtió en el gran protagonista mundial tras el dedazo de Mou a Tito la temporada pasada. The Observer, o el Hombre del bigote, como prefieran, fue testigo directo de aquella agresión. Impasible se mantuvo entonces y sin pestañear siguió ayer al ver que el portugués se colocaba justo a su lado, buscando (vaya que sí, le gusta el teatro del bueno) la foto. Por eso esbozaba esa media sonrisa.
Mientras, Tito seguía concentrado, tocándose una y otra vez el mentón para luego cruzarse de brazos y soltar alguna instrucción. Con poca gesticulación, eso sí, nada que ver con Guardiola.
Acabado el duelo, encajada y para dentro. Nada más. La Supercopa de España se decidirá el próximo miércoles en el Bernabéu, pero lo que nadie le puede quitar a Vilanova es que salió vencedor del primer clásico como primer entrenador ante Mourinho.