ÚLTIMA HORA Dinamarca gana el festival de Eurovisión 2013 y España queda penúltima
Andrés Jiménez
Cuando llegas a semifinales, corres el riesgo de tropezarte con una máxima de la que es difícil escabullirse. Hay equipos que caen en la equivocación de pensar que el haber superado un error hace que ya no necesites volver a enmendarlo.
Información publicada en la página 52 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 28 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Y esto, en resumen, es lo que les sucedió ayer al equipo de Xavi Pascual ante el Valencia. Después de igualar el récord de 11 victorias seguidas en play-off, después de haber dejado a tu rival KO por una diferencia de casi 30 puntos en el primer partido y, lo que es más importante, después de haber comenzado de manera perfecta el segundo encuentro de la serie, comienza a desparramarse por el banquillo una sensación de tranquilidad.
La rabia bien canalizada tras perder la Euroliga, había hecho que desde el primero hasta el último se pusiera las pilas. Pero el hecho de no encontrar rivales duros de verdad, ha influido en que el Barça haya bajado la intensidad y la magia tras reencontrarse con la mejor imagen de sí mismo.
Porque ganar por un 2-0 a los de Velimir Perasovic significaba, sobre todo, poder planificar. Un gran lujo a estas alturas del campeonato, tal y como está la fascitis de Juan Carlo Navarro. Para el escolta de Sant Feliu hubiese representado disponer de más minutos extra para coger ritmo de juego sin tanto riesgo de resentirse.
Después de la derrota, sin embargo, ya no hay planificación posible. Ir a Valencia con un 1-1 en la eliminatoria es vivir el presente puro y duro. Los azulgranas ayer hicieron su elección: riesgo.
Duele que, de nuevo, haya contribuido a ella una dosis importante de deméritos propios, pero difícilmente el equipo escapará ya a eso en todo lo que resta de temporada. Esperemos que, al menos, la rabia vuelva a aparecer en los momentos importantes y que Navarro, sobre todo, no se resienta más.