El Periódico

Cruyff, el 'Big Bang' del Barça

El técnico holandés instauró una exitosa idea futbolística que ha dado al club los mejores años de su historia

Cruyff, el 'Big Bang' del Barça

JORDI COTRINA

Johan Cruyff, durante un entrenamiento del Barça en mayo de 1996, uno de los últimos que dirigió en el Barça.

Viernes, 19 de mayo del 2017 - 16:24 CEST

Vino Cruyff en 1988 y el Barça se apoderó para siempre del balón. Desde entonces, ha completado el período más brillante de su historia (ha ganado más títulos en los últimos 25 años que en los casi 100 anteriores). Pero su mayor éxito ha sido la idea que ha trasladado, convirtiéndose en la génesis del fútbol moderno, al punto de que hasta la España campeona del mundo en el 2010 no se puede entender sin la semilla cruyffista. «Si tú tienes el balón, el otro no lo tiene», sostenía siempre Johan, el hombre que, según explicó Guardiola a este diario en el 2006 cuando no era ni tan siquiera técnico (se estaba sacando el carnet), «construyó la Capilla Sixtina».

"Cruyff construyó la Capilla Sixtina; Rijkaard la restauró" (Guardiola)

Esa Capilla Sixtina se levantó sobre pilares que aún ahora parecen indestructibles para albergar el fútbol ofensivo que cambió la historia del Barça. A través del rondo, y de generación en generación, con inevitables desviaciones sobre la idea original, el club halló un relato futbolístico que no tenía antes. Ahora existe una idea Barça, algo que generó el Big Bang del 2009.

En 1988, apareció Johan y el Barça se apoderó del balón creando un relato futbolístico que no tenía

Fue el año perfecto: seis títulos de seis posibles con Guardiola, más cruyffista que Cruyff. Una utopía para el resto, al igual que la conquista de dos tripletes en apenas seis años: 2009 y 2015. Johan ya no está. Su voz, a veces cómplice, pero casi siempre crítica y visionaria, ha desaparecido. Huérfano de esa luz, el Barça no puede permitirse perder nunca la pelota.

1.- 'CRUYFFISMO, LA LUZ QUE CAMBIÓ TODO' (1988-1996)

"Nos abrió un mundo nuevo que todos desconocíamos», comenta siempre Guardiola sobre el impacto que generó Cruyff. Pionero, intuitivo, genial, sin método, pero con una idea tan poderosa que derribó viejos y ancestrales miedos y victimismos en un club que vivía al día.

Hay un antes y un después de JC. Ningún técnico duró tanto en el Camp Nou. Ocho complejos años donde se vivió el origen (en 1988 un equipo irracionalmente atrevido, que jugaba con tres defensas), luego holló la cima en Wembley-92 y se convirtió en una ruina al pie de la Acrópolis de Atenas (1994). Él lo creó; él lo destruyó. Cuando él quiso reconstruirlo, no le dejaron.

2.- EL PESADO TRAUMA DEL 'POSCRUYFFISMO' (1996-2000)

Despedido Cruyff de mala manera (1996), horas antes del partido contra el Celta y sin posibilidad siquiera de poder despedirse del Camp Nou, el Barça entró en un trauma. La vida sin Cruyff, por muchos títulos que se ganaron, resultó tan dura que entrenadores experimentados, como Bobby Robson (Copa del Rey y Recopa en sus manos) o Van Gaal (Liga, Copa y Recopa en su primer año, 1998) acabaron siendo devorados por el recuerdo de una idea.

Sir Bobby , que disfrutó de un equipo de ensueño liderado por el marciano Ronaldo (47 goles en 49 partidos), solo aguantó un año. Louis, en cambio, resistió tres temporadas intentando escribir en una libreta el método al que Cruyff jamás le puso palabras. Dimitió Núñez y Van Gaal se marchó.

3.- TIEMPOS OSCUROS Y LLEGA LA DEPRESIÓN (2000-2003)

El seísmo de Atenas se manifestó realmente seis años más tarde (2000) cuando el Barça entra en combustión institucional (Gaspart sucede a Núñez) y, sobre todo, deportiva. El club vive entonces períodos depresivos porque se instala en la travesía del desierto de la derrota (está cinco años sin ganar nada) mientras la nostalgia de la obra de Cruyff ejerce un efecto demoledor.

Ni siquiera recurrir a la que fue su mano derecha (Rexach tomó el mando tras el adiós de Johan, abriéndose así un cisma irreversible entre ambos y después en el 2001) le permitió encontrar el camino de la idea original. El Barça andaba desorientado. Sin rumbo.

4.- RENACIMIENTO CON FRANK Y RONALDINHO (2003-2008)

En los dos años finales de la depresión hay una sonrisa, la de Ronaldinho, que alumbra el nuevo camino. Consumido ya el nuñismo y el posnuñismo, aparece el círculo virtuoso de Laporta (2003) para modernizar el Barça y volver a la esencia. Se escucha y, además, se le hace caso a Cruyff, quien apuesta inicialmente por Frank Rijkaard para «reconstruir», según definió el propio Guardiola, «la Capilla Sixtina».

¿Cómo? Muy fácil. Mirando atrás, rescatando valores futbolísticos que se suponían perdidos, aprovechando, al mismo tiempo, la semilla que plantó Van Gaal, aunque no pudo disfrutarla en su excelencia: Puyol, Xavi, Valdés, Iniesta. Ronnie sonreía, Frank susurraba y algo nunca visto antes estaba llegando. Sí, era él. Era Messi.

5.- EL 'GUARDIOLISMO' ALCANZA LA UTOPÍA (2008-2012)

Cruyff trajo la idea, Van Gaal quiso cuadricularla en una libreta, Rijkaard le abrió las puertas de la libertad y Guardiola la sublimó alcanzando la utopía: 14 títulos de 19 posibles. Es, por supuesto, el Barça de Messi (primero extremo, luego falso delantero centro), el Barça de un irrepetible centro del campo (Xavi-Busquets-Iniesta) que permanecerá por los siglos de los siglos en la memoria del fútbol.

Cambió la mirada sobre el juego convirtiéndose así en la referencia contemporánea hasta ser considerado la pasada semana por el diario estadounidense The Wall Street Journal como uno de los 16 mejores equipos deportivos de toda la historia.

6.- EL TRIDENTE SOSTIENE EL 'POSGUARDIOLISMO'

Se fue Guardiola, pero se quedó Tito, aunque una trágica enfermedad frenó esa sucesión. Luego, llegó el paracaidista Tata Martino (un año en que todo el modelo se tambaleó, amenazando incluso con llevarse por delante a Messi) y apareció finalmente Luis Enrique.

A su manera evolucionó la idea, aunque arrinconó el centro del campo para ponerse en manos del tridente. Algo más que una delantera. Una manera distinta de jugar, con un Messi nuevo (retornó a la banda derecha), un nueve clásico de toda la vida (Suárez) y un genial extremo zurdo (Neymar). Una máquina inacabable de hacer goles. En el primer año, ajustados los códigos de convivencia tras Anoeta, llegó el triplete. Pero la idea original, poco a poco, se ha ido difuminando.