Lleva un año en el Barcelona y todavía no se reconoce. Al inicio de su retorno al Camp Nou, Cesc Fàbregas se sintió cómodo. Era quien siempre ha sido. Un jugador que iba de área a área, cabalgando con soltura, conectado con el gol, evocando sus viejos años en el Arsenal. Pero después, no se sabe por qué extraña razón, Cesc se apagó hasta que volvió a disfrutar con España en la Eurocopa, ejerciendo de falso nueve, reencontrándose consigo mismo.
“Tengo que recuperar mis inicios, como cuando llegué al equipo. Me estanqué mentalmente, hice lo totalmente opuesto a lo que soy yo. Quise ser como Xavi, Andrés y Thiago, pero yo no soy así. Fue mi culpa”, ha argumentado el centrocampista azulgrana. “No era mi manera de jugar, no era mi estilo, soy más anárquico, me gusta más ir de área a área. Pero me dejé llevar por los comentarios de la gente, del míster, por tantas cosas qué decían y por intentar ser como ellos. Soy otro tipo de jugador”, ha recordado Cesc.
Por eso, ha pedido volver a ser quien fue. Ese jugador que sorprendía llegando desde atrás, irrumpiendo en el área. “Necesito mi movilidad, ser más anárquico, ayudar a Leo, a Andrés, a Busquets, tengo esa capacidad de ser un jugador de área a área”, ha recordado Cesc, empeñado en rescatar sus “inicios” y olvidar los comentarios exteriores. “Me estanqué un poco mentalmente, pero ahora conozco mejor a mis compañeros, al míster, a todos. Todo irá mejor”.
Y, además, Cesc se reencuentra con Tito Vilanova, el entrenador que tuvo cuando era cadete compartiendo sueños juveniles con Piqué y Messi. “Tiene mucha más personalidad de lo que la gente se cree, entiende muchísimo de fútbol, aporta mucho al equipo”: