El Barça Va mucho más allá del dibujo táctico. Sea con un atrevido y ya desesperado 3-4-3, como sucedió en Sevilla, o con un poco usual 4-2-3-1, teniendo a Adriano y Alba casi de extremos, con Villa de delantero centro, barriendo defensas para Messi, como ocurrió el martes con el Celtic. Trasciende de la pizarra porque el Barça de Tito ha ido derribando pequeñas barreras, transformándose en un equipo ambicioso que no mira el marcador hasta el final, aunque haya perdido fiereza defensiva. No es casual, por lo tanto, que el 35% de sus goles lleguen en el último cuarto de hora de los partidos.
Transcurridos los 100 primeros días del vilanovismo, el Barça no gobierna los partidos como antes ni tiene la estabilidad defensiva que exhibía, síntomas que delatan esa ya no silenciosa mutación que se vive en el Camp Nou, producto también de diversas circunstancias. No tiene el control porque, entre otras razones, Xavi e Iniesta, por ejemplo, solo han coincidido tres veces en el once inicial en el centro del campo (los dos partidos de la Supercopa con el Madrid y el choque contra el Celtic). O sea, ni un solo partido juntos en la Liga debido a la lesión de Iniesta y el cuidado que tiene Tito con Xavi, con mayor protagonismo para Cesc.
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