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El final de una era irrepetible | un ciclo que da paso a la ETAPA de tito vilanova

Adiós en silencio

El Barça celebra la Copa con una discreta fiesta y Guardiola decide no hablar en su última noche

Domingo, 27 de mayo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
DAVID TORRAS
BARCELONA

Con tanto título y tanta fiesta, la última noche del Barça de Pep Guardiola no tuvo el encanto de otra veces quizá porque la copa que se celebraba no está a la altura de lo que representa este equipo en la historia del fútbol. El Camp Nou ha vivido emociones tan intensas que la fiesta de ayer resultó discreta y un punto forzada, y no llegó a cerrarse como merecía una despedida, tal vez porque Guardiola ya lleva días diciendo adiós y sus últimas palabras quedaron unidas a la inolvidable noche en que el estadio entero le acompañó a coro cantando «Que tinguem sort». Ayer, el Camp Nou no escuchó la Paraula de Pep, pero la ha escuchado durante cuatro años y la llevará dentro para siempre. Ahora, es hora de dejar hablar a Tito Vilanova.

El público agradeció a Guardiola lo que ha vivido en estos cuatro años. JORDI COTRINA

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El público agradeció a Guardiola lo que ha vivido en estos cuatro años.
Xavi, con el trofeo del Mundial de clubs, Puyol y Piqué, en el Camp Nou.
El Barça posa con las cuatro Copas que ha ganado esta temporada.
Messi entra en el Camp Nou saludando a la afición.

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Por más que la escenografía dejara imágenes emotivas, con el estadio a oscuras y los jugadores apareciendo uno a uno, la celebración provocó cierto desencanto entre los algo más de 30.000 aficionados que quisieron vivir de cerca esta última cita. Solo hubo cuatro parlamentos, los de los cuatro capitanes (Puyol, Xavi, Iniesta y Valdés), después de que la Copa entrara en una camilla, protegida (las otras tres, Supercopa de Europa y de España y Mundial de Clubs ya estaban en el césped), en lo que podría ser un guiño al destrozo de Sergio Ramos.

CAMINO DE NUEVA YORK / Y ahí se acabó. Nadie más tomó el micrófono y, tras la vuelta de honor que Guardiola dio abrazado y hablando sin parar con Thiago, el equipo desapareció entre algunos pitos. Esta vez, no eran para el himno. Es probable que el técnico ya no tenga nada más que decir después de haberse desabrochado el cinturón que tanto le apretaba. Pasará tiempo hasta que Guardiola vuelva a pisar el césped del Camp Nou si es que vuelve a pisarlo. Dentro de muy poco, desaparecerá de escena. Costará mucho verle el pelo y quienes lo hagan no lo reconocerán, engullido en el anonimato de una ciudad donde pasará a ser un ciudadano más. Después de darle muchas vueltas, Guardiola ha elegido Nueva York para hacer realidad su deseo de dar un paso atrás y vivir una especie de retiro que nadie, ni siquiera él, sabe ahora cuanto durará. De momento, se tomará un año sabático a pesar de que sobre la mesa de su representante Josep Maria Orobitg se acumulan las ofertas y los cheques en blanco.

De todas partes. No hay en el mundo un técnico más cotizado ni tampoco alguien que haya rechazado tantas ofertas sin siquiera escucharlas. Nada le hará cambiar la idea que empezó a rondarle allá por el mes de noviembre cuando se lo hizo saber a Zubizarreta. No era algo definitivo pero el tiempo pasó y cada día fue vaciándose un poco más, perdiendo energía hasta que, tras la eliminación ante el Chelsea, en el mismo túnel le dijo a su amigo Tito que lo dejaba, que ya no había marcha atrás.

HUIR DE LAS INTERPRETACIONES / Acostumbrado a vivir cuatro años en primera fila, Guardiola y su familia harán las maletas y desaparecerán en la Gran Manzana. Y ahí estará en silencio, alejado de las interpretaciones que inevitablemente provocaría su presencia en Barcelona. Si va al Camp Nou o si no, si se acerca a ver al equipo o si ese paso atrás le llevara a no dejarse ver el pelo y, entonces, se diría que igual las cosas no son como antes, o si un día se le ve jugando a golf con Cruyff o en un restaurante con Txiki o con Laporta, o con Zubizarreta, pero sin Rosell, y así una larga lista que siempre daría que hablar, y a menudo para mal, como ya ha ocurrido en estos años.

En esa escrupulosa voluntad de dar un paso atrás ha preferido cruzar el charco y no irse a Londres, el otro destino al que planteó mudarse y donde también podría haber cumplido el objetivo de que sus hijos aprendieran inglés. Demasiado cerca del mundo del fútbol y de clubs que llevan cortejándole desde hace tiempo. Bastaría que algún banquillo quedara libre, que cayera Mancini o Di Matteo, para que una delegación del City y del Chelsea, y con ellos un séquito de periodistas, se plantaran ante el hogar londinense de los Guardiola para poner el club en sus manos y pedirle de rodillas que dibuje otra gran obra.

Así que el autor de une época irrepetible seguirá al Barça desde la distancia, pero en el fondo estará muy cerca, unido por un lazo que permanecerá: su amistad con Tito. De día y de noche, a cualquier hora, el teléfono de Pep estará siempre encendido en su piso de Nueva York para atender la llamada de quien desde ayer empezó a ocupar su lugar. La era del Barça de Tito Vilanova ya está en marcha.

Vea la tertulia sobre la final de Copa con el móvil o

en e-periodico.es

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