El Periódico

Lunes, 6 de diciembre del 2010

Napoleón descubrió con retraso fatal que había un enemigo más peligroso que el General Invierno o el Ejército Ruso: la logística. El Barça lo comprobó el sábado, cuando combinó la torpeza con la inocencia y la soberbia y acabó depositando el futuro del equipo en la logística. Jugó con fuego y se salvó por los pelos. A quienes corresponda aprender la lección sobre planificar viajes, creerse promesas o tomar decisiones en días de crisis, que lo hagan y pronto.

Sandro Rosell debe espabilar. Su problema no es la comunicación, ni la portavocía, ni los aciertos o errores puntuales en la gestión. A Rosell le honra mucho la carta que escribió ayer asumiendo toda la responsabilidad en este esperpento. Más vale muy tarde que nunca, pero la edad de la inocencia ya pasó. Su problema está en el enfoque frente a la realidad: se puede ser proactivo o reactivo y hoy el Barça no es una cosa ni otra. Laporta era reactivo: le pinchaban y estallaba. Era un cartucho de dinamita en permanente ignición, presto al estallido en cuanto le hicieran cosquillas. Sus excesos monumentales no aportaron la calma institucional que merecía un equipo de ensueño, pero se ofreció siempre como diana frente a los lanzadores de venablos hasta hacer de ello una profesión.

La pasividad es peor. No el silencio, sino la pasividad. Por distanciarse de su efervescente antecesor, Rosell ha optado por una gestión pasiva y se equivoca. Su error no es la inocencia, virtud que el sábado perdió a golpes federativos, sino esa falta de enfoque. De los rivales en el césped ya se ocupan Pep y los jugadores y ni fallan ni perdonan, pero fuera del campo se viene jugando una partida feroz desde que el periodismo dejó de ser periodismo para ser una batalla por el poder, el dinero y la jerarquía, donde bribones armados con tirantes rojigualdos proclaman su ley marcial ya sea en política, economía o fútbol, tanto da. Los rivales que enfrenta el Barça sobre el campo son menos correosos que los enemigos que tiene fuera de él. Rosell debe asumir esto de inmediato y cambiar de enfoque. No puede seguir dejando tirado a su entrenador a los pies de semejantes tiranozuelos sin escrúpulos, trituradores de cualquier realidad con tal de que no les tuerzan sus portadas cainitas. Un enfoque proactivo se hace imprescindible para que Guardiola pueda seguir siendo el gran entrenador que es y no tenga que ejercer de presidente de facto.

El seleccionador de Brasil es un gran admirador del joven centrocampistas