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Risto Mejide

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Risto Mejide

Publicista 

Qué tiempo tan desliz

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Domingo, 16 de junio del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Todos los artículos felices se parecen entre sí, los infelices lo son cada uno a su manera. Puede que ni esa frase ni nada de lo que te vaya a decir a continuación vaya a parecerte novedoso. Pero qué le vamos a hacer, a veces la utilidad está muy por encima de la novedad. O al menos, debería estarlo.

Igual es cosa de la edad, pero ya no me creo ninguna definición de felicidad. Me parecen todas mentira cochina. Frases célebres pronunciadas por gente que jamás hizo caso de las frases célebres. Gente que en su mayoría, encima, predicó con todo menos con el ejemplo. Y de ahí que tampoco me crea a los que que dan recetas y se ganan la vida con ello. Gente que hace de tu ruina, su fortuna. Gente que debería estar en la cárcel, a poder ser en la misma celda que Justin Bieber.

Tampoco creo que tenga nada que ver con la salud, ni con el dinero, ni con el amor. Si no te ha ocurrido ya, espero que te ocurra. Yo he tenido el honor de conocer a gente que no tenía ninguna de las 3 pero que podía levantarte el ánimo con una puñetera mirada. Gente cuya salud le había colocado en el corredor de la muerte y que demostraba más vida que tú y yo juntos. Gente que no lo había perdido todo porque jamás lo necesitó. Y gente que fue tan amante como amada y muy desgraciada a la vez.

A mí perdóname, pero cuando he sido feliz ha sido, normalmente, por accidente. Cuando me he sentido pleno y realizado ha sido, a menudo, consecuencia de algún desliz. Vine al mundo yo como podría haber venido cualquier otro. Me dediqué a lo que me dedico casi porque me encontré como Aznar, trabajando en ello. Conocí a mi mujer -y a mis mejores amigos- por la mayor de las casualidades. Tuvimos un hijo -con mi mujer, no con mis amigos- como se deben tener, sin pensarlo demasiado. Y así, todas las cosas maravillosas que me hayan sucedido hasta la fecha. Y así, todas las cosas malas que vengan, seguramente, también.

Pero eso tampoco quiere decir que la felicidad sea fruto del azar. Ser feliz no es una cuestión de suerte, ni una definición molona sobre un fondo de salvapantallas, ni un estado del alma, ni siquiera una circunstancia que viene y va.

Ser feliz es una decisión.

Miento, lo he dicho mal, ser feliz es LA decisión. La única decisión realmente importante y relevante que hay que tomar en la vida. La única decisión que, una vez tomada, hay que seguir tomándola todos los días. Una decisión que determina tus 3 relaciones fundamentales.

La primera, la relación con tu pasado. Hace poco me preguntaban opinión sobre un asunto «como profesional de éxito». Para nada me considero profesional de éxito. Precisamente, creo que la profesionalidad -como la felicidad- no depende de tus éxitos, sino de cómo recuerdas, analizas, clasificas y reciclas tus fracasos. Los mejores profesionales que he conocido eran puras plantas de reciclaje de fracasos propios y ajenos. Y la gente más feliz, también.

La segunda, la relación con tu futuro. Como escribió Nikos Kazantzakis, tu libertad -que no es más que el futuro de tu felicidad- depende solamente de qué esperas y qué temes. Si no esperas nada, tendrás las manos libres y limpias, además de que nadie nunca te decepcionará. Y si no temes a nada ni a nadie, nadie te podrá parar.

Por último, tu relación con el presente. La realmente crítica, la más budista, qué rabia me da que Richard Gere se haya colado en este concepto. En el presente, la felicidad se vuelve más mundana, cotidiana, se tangibiliza, se hace cosa y se transforma en alegría, más real, más alcanzable y mucho más verdad.

Por eso, y hablando de budistas, yo prefiero hablar del reino de Bhután, que mide la Felicidad Nacional Bruta desde 1972. Y lo hace mediante 9 indicadores: bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobierno. Vamos, todo lo que se nos está mutilando aquí. Normal que un amigo mío haya decidido tirarse a las 3 eses: Smile, Sport and Sex.

Aún así, miro y admiro a mucha gente que ha decidido mantener su alegría. Pese al entorno. Pese a todo lo gris. O lo negro. Gente que ha decidido que nada ni nadie les va a hacer olvidar que, por jodido que esté el presente, sigue siendo sinónimo de regalo.

Un regalo que, como todos los que vienen sin ticket, es difícil de cambiar.

Pero no imposible. 

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