El Pride Barcelona, festival lúdico y reivindicativo del colectivo homosexual, bisexual y transexual, dedica de nuevo una sección a los más pequeños. El Pride Kids colonizará con inflables gigantes la entrada del village y ofrecerá una ludoteca donde los monitores acompañarán a los niños mientras pintan, triciclean o juegan a mil cosas. Elisabet Vendrell, presidenta de Famílies Lesbianes i Gais (FLG), lo mirará desde su estand, justo al lado.
-¿Por qué un Pride Kids?
-Porque los niños deben crecer en el respeto a la diversidad sexual y también porque queremos que los niños se integren en la fiesta, los que pertenecen a familias heterosexuales y los de de familias homosexuales. Queremos decir que las familias gays y lesbianas somos y estamos.
-¿Alguien lo duda aún?
-Cuesta hacernos visibles y reconocernos precisamente porque somos gente normal y corriente, pero es algo importante.
-¿Ante los niños también?
-Los niños, los de las familias homosexuales y los de las heterosexuales, juegan igual. No hay diferencia entre unos y otros. La homofobia viene de fuera. Para los niños es importante que en casa se acepte la homosexualidad con naturalidad.
-¿Y no siempre es así?
-A la sociedad le falta respeto a la diversidad. Cuando leo declaraciones como las del político Antoni Duran Lleida defendiendo a los médicos que tratan la homosexualidad como una enfermedad, me indigno.
-Duran olvida que hay una parte biológica, claro...
-Dependiendo de cada familia y cada entorno, descubrir la homosexualidad puede resultar muy angustioso. A muchos padres les falta formación e información para encarar actuaciones de sus hijos que no les encajan y que están relacionadas con la identidad sexual.
-¿Tenemos muchos límites?
-Justamente. A un niño se le dice desde pequeños que no debe llorar y las madres se enorgullecen de que su hija sea como una princesa. Todos los niños deben sentir que les queremos como son y que tienen nuestro apoyo incondicional.
-¿Y ya está?
-La familia ha de ser normalizadora. Hay estudios que demuestran que los hijos de las familias gays y lesbianas crecen con una mayor aceptación de la diferencia y roles de género más flexibles. Pero también se ha de invertir en coeducación.