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BULTACO LOBITO 90 CC

Bultaco Lobito 90 cc, la moto de mi vida

Casi todos tenemos una dos ruedas soñada, ya sea de jóvenes o de viejos. Y yo la he conseguido ahora.

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La moto de mi vida. | MOTOR

Se acerca un frutero paquistaní con su Vespa, que no se pone en marcha. Don Antonio, que lo ve venir, sale de su taller, lo espera en el vado y lo recibe con los brazos abiertos como diciéndole: «¡Otra vez por aquí!». Mira la bujía, se la cambia y el paqui se va tan feliz. No ha hecho ademán de pagar. Al rato, una jovencita india aparece con su Scoopy nueva, en la que algo falla. No, no fallaba nada, simplemente tenía el interruptor del manillar desactivado y, por más que le daba al botón de puesta en marcha, no arrancaba.

Don Antonio, que llegó hace un montón de años de Motril (Granada), le soluciona la vida a toda Santaco. Don Antonio Hernández es el padre de Santi Hernández, el ingeniero de pista del pentacampeón Marc Márquez. Pero don Antonio es, por encima de todo, uno de los mejores mecánicos que hay en España. Lleva 40 años en Catalunya y, desde hace algunos, se dedica, con enorme amor, cariño y manitas, a restaurar motos antiguas, diría clásicas, con más de 40 o 50 años de existencia.

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Bultaco Lobito. | MOTOR

PIEZA A PIEZA

Como la mía. Cumplidos los 65, he logrado, gracias a don Antonio –que la localizó en Palau-solità i Plegamans y me la ha restaurando con tanto mimo que soy la envidia de David y Santi, sus hijos–, la moto de mi vida, una Bultaco Lobito de 90cc, de 1957. La primera, no la amarilla, que vino después.

Don Antonio, que empezó «por diversión, entretenimiento y placer» a restaurar motos, arrancó con una Derbi 125cc cabeza de hormiga, que compró en los Encants del Clot, desmontó mi Lobito pieza a pieza. Las pulió, las cromó, las pintó y, si era necesario, las clonó llevándolas a fundir a la cera pérdida a una fundición que tiene controlada en Sant Adrià.

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Don Antonio desmontó la moto para restaurarla pieza a pieza. | MOTOR

«Se puede restaurar de muchas maneras, pero lo ideal es no tener prisa y hacerlo con cariño. Puedes, cómo no, hacer una restauración sencilla, pero lo que toca, cuando tú te compras la moto de tu vida, es recuperar también su alma, aquella que ha estado reposando junto al tractor y los aperos de labranza», explica don Antonio, al que no le interesa lo más mínimo restaurar una moto deprisa y corriendo.

«¡Ojalá yo supiera un décima parte de lo que sabe papá!», suele decir Santi, cuatro veces campeón del mundo con Marc Márquez. Y don Antonio se parte de risa: «Lo que yo hacía parece otro oficio comparado con la alta tecnología que maneja ahora Santi en el box de Honda». Solo hay que mirar sus manos. Las de don Antonio huelen a herramienta; las de Santi teclean ordenadores. Pero Santi quisiera ser don Antonio. Y casi lo logra.