Pruebas

HYUNDAI IONIQ PLUG IN

Prueba del Hyundai Ioniq Plug In, electrificación real

Probamos la última variante de los modelos eficientes Hyundai Ioniq, la híbrida enchufable.

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Prueba del Hyundai Ioniq Plug In, electrificación real

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A principios de este milenio aterrizaba el primer vehículo híbrido en Europa, se trata de ese Toyota Prius que pese a su limitado atractivo cautivó al mundo con una propuesta distinta y muy avanzada para la época. Con la actualización de la tercera generación se llenaron nuestras calles de taxistas eficientes y con ellos las primeras sospechas de un futuro sostenible. La electrificación definitiva es una realidad a medio-largo plazo así que otros fabricantes enseñan músculo y, en el caso de Hyundai, mucha determinación. La firma coreana se ha lanzado a la conquista de la eficiencia no con un modelo, ni dos, sino tres variantes bajo el nombre Hyundai Ioniq. Tras la llegada del modelo híbrido y el posterior aterrizaje de la opción 100% eléctrica, le toca el turno al punto medio: el Hyundai Ioniq Plug in híbrido enchufable.

Su estética no varía ni un ápice respecto a sus hermanos excepto por la parrilla delantera, que en el eléctrico no cuenta con rejilla dado que no necesita ventilación. Por lo demás estamos ante un sedán cinco plazas con una imagen sobria, elegante y dinámica que nos recuerda al Prius, conseguir un coeficiente aerodinámico de 0,24 Cx hace mella en la creatividad de los diseñadores pero debemos reconocer que es más bonito que el Toyota. Dado que lo interesante se encuentra en el interior tan sólo destacaremos el gran trabajo a la hora de conseguir elevar el tono de un vehículo que no es sólo práctico, también atractivo tanto por fuera como por dentro. El uso de materiales mejores y un encaje superior de los elementos en el habitáculo incrementa la calidad percibida a vista y tacto, el espacio para plazas delanteras y traseras hacen que la fatiga tarde más en aparecer y el arsenal tecnológico hace de su conducción pan comido. El detalle negativo se reserva para el maletero, que pasa de los 443 litros de capacidad del híbrido a 341 del enchufable, además de un sistema de audio mejorable en comparación a todo el equipamiento ofrecido en nuestra unidad con acabado tope de gama (Style).

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La sencillez y el bordado azul transmiten calma y sensación de calidad.

La principal característica de este modelo es su sistema de propulsión híbrida enchufable o Plug in, si seguimos la jerga de la marca, que ya existe en otros fabricantes pero no con los 63 kilómetros de autonomía que promete el Hyundai Ioniq Plug in. Las baterías con pilas de polímero de iones de litio tienen una capacidad de 8,9 kWh y según la marca se cargan en menos de 3 horas utilizando un Wallbox (cargador rápido trifásico) o en menos de cuatro en un enchufe doméstico. Durante nuestra prueba sólo conseguimos cargarlo en corriente habitual y tardo más de siete horas en conseguir llegar al 100% así que recomendamos paciencia y una dinámica establecida si queremos optar por el total del modo eléctrico. Su motor gasolina de 105 CV sumado al eléctrico de 61 CV ofrecen una potencia combinada de 141 CV y un peso de 1.570 kilogramos así que, por lo pronto, no esperen sensaciones deportivas al volante. Sus prestaciones son coherentes con su filosofía así que su velocidad punta es de 178 kilómetros por hora y acelera de cero a cien kilómetros por hora en 10,6 segundos. Lo cierto es que subirse al Hyundai Ioniq Plug in es un ejercicio de introspección sorprendente, la delicadeza que transmite su dirección y el silencio del bloque eléctrico no incita a correr, más bien al contrario. Parece el arma definitiva contra los radares.

COMPORTAMIENTO

En ciudad sus más de 40 kilómetros reales de autonomía en modo eléctrico (menos de los 60 homologados por Hyundai) suponen, para una vecina de Barcelona, más que suficiente en sus trayectos diarios y la combinación de ambos con la batería completa reduce el consumo drásticamente si se vive más alejado. En plena urbe su comportamiento es intachable. La dirección blanda se agradece pero nos pareció algo duro de suspensiones debido, probablemente, a la presencia de las baterías y la visión hacía atrás se ve penalizada por el diseño de la luneta. En vías rápidas el ruido empieza a hacer acto de presencia y creemos que los neumáticos tenían parte de culpa. Pese a este detalle el confort en marcha es digno de siestas sobre ruedas y el consumo se convirtió en la grata sorpresa. En un viaje de Logroño a Barcelona por autopista y autovía, además del tramo final por ciudad, el dato final se mantuvo en los 6,1 litros a los cien, de notable en comparación con otros híbridos enchufables.

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Su disenño es dinámico y se centra en conseguir el mejor coeficiente aerodinámico.

Mediante un botón situado tras la palanca de cambios automática de doble embrague, culpable de la buena gestión de las transiciones y la suavidad de este Hyundai Ioniq Plug in, se puede jugar con los dos modos: 100% eléctrico o híbrido. Creemos que para mantener un consumo bajo si tenemos por delante un viaje largo es recomendable activar este segundo antes de utilizar toda la energía, de esa manera nos beneficiará en el peor momento: la carretera abierta. Seguir las indicaciones y recomendaciones del sistema Eco DAS es clave para alargar la autonomía lo máximo posible.

El Hyundai Ioniq Plug in no es un modelo pasional, que si bonito a mi parecer. Su compra reside más en el aspecto racional pero no por ello merece menos atención. Aprender a conducir de un modo más pacífico y eficiente será pan comido al volante de este sedán que tiene en su precio, 36,200€ para la versión Style, y el tiempo de carga a sus peores enemigos. El segundo se atribuye a la mejora de la calidad, palpable, de los nuevos Hyundai y el primero es una tarea pendiente que todavía supone el mayor desafío.