Comparativas

PORSCHE VS MERCEDES

Porsche 718 Boxster S vs Mercedes-AMG SLC 43: conducción en estado puro

Ambos bólidos fueron pensandos, diseñados y producidos para ser deportivos y disfrutar de su motor y prestaciones.

Porsche 718 Boxster S vs Mercedes-AMG SLC 43: conducción en estado puro
Porsche 718 Boxster S vs Mercedes-AMG SLC 43: conducción en estado puro. | JORGE BRICHETTE

Cuando nace un coche, lo normal es que sus creadores piensen en las necesidades de muchos usuarios: amplitud, bajos costes, consumos contenidos… Luego, con suerte, llegan las versiones deportivas derivadas de los mismos. Pero nuestros púgiles de hoy no luchan en esa arena: son deportivos puros, pensados exclusivamente para el placer desde que nacieron a partir de una hoja en blanco. Y eso les hace muy especiales a lo hora de conducirlos.

Ambos aterrizaron en el mercado hace pocos meses, y a pesar de que han cambiado sus nombres, nos encontramos con actualizaciones y no con versiones totalmente nuevas. Así, el SLC era antes SLK (SLC fue en 1972 el nombre de los biplazas de la familia SL), y el 718 Boxster S acaba de añadir a su denominación esos tres dígitos ilustres de su inspirador, el 718 de 1957, un coche de competición.

CAMBIOS ESTÉTICOS

Ambos modelos han retocado su estética y presentan nuevas defensas y faros (también parrilla en el caso del SLC), aunque el diseño básico sigue intacto. Los dos se caracterizan por su baja altura, que garantiza un centro de gravedad más cercano al suelo, y si bien ambos, biplazas, son muy afilados y atractivos, su diseño se diferencia de manera clara debido a la colocación del motor: al ser delantero en el Mercedes, este muestra un amplio frontal, mientras que el Boxster, de motor central trasero, deja al conductor en mitad de la carrocería. En el interior, la calidad de ambos es realmente buena. Y es que son, además de deportivos, coches de lujo. Por dentro, el SLC ha cambiado más frente a su predecesor que el 718, pero este ha añadido un interesante girador en el volante para activar los modos deportivos, al estilo manettino de Ferrari.

Texto Alternativo

Como detalle exclusivo, el Mercedes cuenta con el sistema AirScarf, que calienta la nuca del conductor mediante un chorro de aire caliente que permite conducir descapotado con tiempo no demasiado favorable. Además, su capota es dura, lo que da mayor polivalencia y permite dejar el coche en la calle más tranquilamente.

El 718 Boxster es harina de otro costal, y comienza a demostrarlo con su capota de lona, que no tiene aquellas ventajas, pero que resulta más ligera y no resta hueco al maletero al plegarla.

Motores Mercedes no recorta tanto como Porsche y emplea un refinado V6 turbo de 367 caballos. Doble maletero para el Boxster: delante y detrás suma 275 litros, lo que no está nada mal. Debajo de este está el motor de 4 cilindros bóxer de 350 CV.

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El 718 no ha estrenado plataforma, pero sí propulsores. Y ha supuesto un punto de inflexión al olvidar los 6 cilindros atmosféricos anteriores en favor de nuevas versiones de 4 cilindros turboalimentadas, en el caso del 718 S con 2,5 litros de cilindrada y turbo variable (el 718 estándar es un 2.0 con turbina fija). Eso sí, mantiene la configuración bóxer de cilindros opuestos o el sistema VarioCam Plus de distribución variable. Para entregar la potencia, en esta ocasión contamos con el cambio PDK de doble embrague y 7 marchas, una virguería capaz de variar la velocidad de funcionamiento para fomentar el confort o la rapidez según se desee.

Mientras, el SLC 43 también emplea la sobrealimentación por turbo, pero con más cilindrada y cilindros: tratamos con un V6 de 3 litros, también con distribución variable. Entrega la potencia a las ruedas traseras mediante la caja de cambios 9G-Tronic de otras tantas velocidades y convertidor de par. 

EN MARCHA

Al pisar el acelerador a fondo, la primera batalla es para el Mercedes: la del sonido. Si Porsche nos tenía acostumbrados a verdaderas melodías antes de que casi nadie se preocupase por ello, cuando ahora todos emplean mil trucos para mejorarlo, resulta que la firma de Stuttgart ha perdido sonoridad al añadir turbo y quitar cilindros. Pero a las curvas llega antes: aunque el Mercedes es ligeramente más potente, el Boxster es más ligero (unos 130 kilos), logra mejores aceleraciones –por escaso margen– y no limita su velocidad punta.

En los giros, el AMG es una delicia, el tacto deportivo resulta generoso y su conducción, muy eficaz, es la clásica de un tracción trasera potente: sin subviraje, y con la atención del conductor puesta en la trasera para que no domine al coche en aceleración. La inclusión de control de estabilidad en modo deportivo es perfecta para permitir cierto derrapaje sin peligro, una manera de domar al coche para posteriormente poder desconectarlo todo, algo que es posible. La caja de cambios de 9 velocidades es tan rápida que no te das cuenta de que posee convertidor de par, aunque es fácil dejar de saber en cuál ruedas. 

¿9 marchas son de verdad necesarias?

Pero el SLC se ha encontrado hoy al referente 718. Si el de la estrella presenta unos balanceos de la carrocería muy contenidos, el Boxster directamente no los tiene. Su paso por curva es muy superior, y el conductor nota una precisión de bisturí al meter al coche en los giros. En el vértice es totalmente neutro gracias al excelente reparto de pesos, y al acelerar a fondo los probadores de Porsche logran la magia de una eficacia por las nubes con una seguridad total.

Y digo magia porque regulan sus coches para que incluso presenten un poco de subviraje de cara a que la trasera no se vaya nunca, a lo que colabora el generoso calzado del tren trasero, con cubiertas más anchas que las de su rival, a pesar de sus inferiores peso y potencia. Y aun con esa precaución, con esa concesión, el chasis es eficaz a más no poder y un conductor veterano no notará ni subviraje ni una trasera controlada: al darle una patada al acelerador a la salida de las curvas, la trasera se insinuará como si tratásemos con un 4×4. El 718, ahora, te permite disfrutar de una conducción al límite sin miedo. Es excepcional. Ah, y la caja de cambios, de doble embrague, es aún más rápida que la de su rival.

La pega de tales reglajes reside en que el inicio del derrapaje es el comienzo de la vuelta a la trazada ideales difícil deslizar con el 718, porque además el PTV (Porsche Torque Vectoring) frena la rueda trasera que patina y no es desconectable, de manera que controla la acción del autoblocante.

El dinamismo del Boxster es casi mágico: pocos coches hacen disfrutar así a sus conductores

Así, como ves en las fotos, el AMG desliza más que su rival, es más sencillo “llevarlo de lado”. El Porsche desliza un palmo ante la acción de un “tuercebotas”, al que devuelve el control de inmediato, haciéndole parecer un Kankkunen. Pero si eres un crack y quieres derrapadas más largas, deberás hacerlas a más velocidad, fomentando inercias previas, como hacen los pilotos de tierra, y con más riesgo. Tendrás que ser un Kankkunen de verdad.

En definitiva, no sé cómo este tipo de coches no está más presente en competición, sobre todo el 718, que es una delicia superior a cualquier turismo en eficacia y sensaciones.

Al desconectar los modos deportivos, el Boxster logra, de forma brillante, un confort suficiente gracias a su amortiguación variable; la caja deja de dar tirones y la potencia llega suavemente. Eso sí, el Mercedes resulta aún más confortable y suave, pues tiene armas parejas y su concepción se presta más a ello.

VEREDICTO

El AMG SLC 43 posee prestaciones casi parejas a las del 718, es más suave y confortable dentro de la deportividad, tiene capota dura de coupé y además su precio es unos 10.000 euros inferior. De este modo, es el modelo más recomendable para clientes que valoren una puntuación global. Pero, para los amantes de las curvas, el Boxster S es superior en dinamismo, sin matices, aporta una borrachera de precisión al volante, y por ello es la mejor elección sin duda alguna.

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