verano sobre ruedas

Los zombis del verano

La mayoría de las personas se relajan tanto en verano que hasta olvidan circular por las aceras y conducen peor.

Verano, playas, gente, relajación ¿de todo?
Verano, playas, gente, relajación ¿de todo? | motor
@xperezgimenez

No hay que ser Albert Einstein para saber que en verano las disciplinas vitales se relajan. Es como si todo el año estuviésemos haciendo una carrera contrareloj para llegar a las vacaciones con el objetivo de descansar. Gimnasio, dietas, buenos propósitos... y todo para dejarlo a un lado en verano. Con la obligación de retomarlo a la vuelta de las vacaciones. 

Esa relajación no solo afecta a la dieta alimenticia (mojitos, paellas, barbacoas, aperitivos, todo concentrado en menos de 30 días) y a la ausencia de actividad física (muchos cojen la bici para ir... a desayunar). No. Tambien afecta a otros elementos que nos pueden llevar a vivir una situación de peligro o, cuando menos, un momento difícil de gestionar. Hablo de los zombis del verano

Curiosamente, la gente de las sociedades que antaño llamábamos 'avanzadas' al referirnos al norte de Europa son los que más y mejor practican esta modalidad de 'caminante del verano'. Aunque nostros ya estamos tan 'avanzados' como ellos, se lo aseguro. Basta con detenerse en alguna calle de una localidad pequeña, costera o de montaña, en cualquier urbanización, para ver como la gente abandona las aceras para desplazarse y por el centro de la calzada.

Los coches siguen pasando, pero ellos, como si las normas hubiesen cambiado de repente, caminan ajenos a los vehículos. Incluso se sorprenden cuando uno pasa cerca o les toca el claxon para evitar atropellarles. Algunos emergen de entre los vehículos para cruzar la calle por el centro de la misma, olvidando la existencia de los pasos de peatones.

Luego están los zombis sobre ruedas, aquellos que cogen la bici para hacer unos kilómetros pensando que con eso adelgazarán las patatas bravas y la sangria de la noche anterior. Van en bici como si fuesen los únicos ocupantes de la calzada, se creen poseedores de todos los privilegios. Peatones y vehículos deben apartarse a su paso, y en caso contrario son airadamente recriminados. Se saltan semáforos, circulan por carretera en plan tertulia y, en muchos casos, sin las medidas de protección básicas como es el casco. Ya no digo los que llevan chanclas.

Y puestos a repartir, también hay que repartir a los conductores. La gente se relaja hasta tal punto que conduce peor, se distrae más, apura más las maniobras, no emplea los retrovisores y, además, pierde a menudo la paciencia en un atasco. El oficinista del Uper Diagonal de Barcelona, con traje y educación impecable, se despoja de ese papel, se enfunda un bañador y se convierte en un energúmeno en cuestión de horas. 

Así pues, parece que en verano todo es posible. No digo que tengamos que seguir con las normas de convivencia habituales a rajatabla, pero sí merece la pena fijarse un poco en las cosas. Ser respetuoso con los demás, porque si abandonamos la conciencia colectiva acabaremos criando hordas de trolls sin empatía alguna... o igual ya hemos empezado a hacerlo.