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EL EFECTO EN LA RUTINA DE LA CIUDAD

Bienvenido Mr. Congresista

Los asistentes no gastan con la alegría del 2006 pero siguen siendo un filón de negocio

PATRICIA CASTÁN
BARCELONA

Hay una doble -muy complementaria- agenda para los 65.000 participantes del congreso de móviles. La oficial y la afterwork. La primera es de infarto: optimizar el tiempo, devorar información, relacionarse con el sector y dar a conocer las novedades de sus marcas en el horario de feria. Hay otra que se vive de puertas afuera, cuando cada tarde baja el telón de la Fira y los delegados aprovechan para seguir haciendo negocios de formas más placenteras, o simplemente para respirar la ciudad. Y es ahí donde los barceloneses con comercios o servicios se frotan las manos.

Pura lógica, explica Salvador Albuixech, al mando de la Fundació Barcelona Comerç. «Hay más clientes en la ciudad, y para nosotros siempre es bueno». Porque aunque el centro sea el gran imán, el movimiento comercial queda tan repartido como lo están los hoteles donde los asistentes se alojan.

Precios razonables

Entre los 275 millones de euros que en teoría se quedarán en Barcelona, no cabe duda de que los hoteleros se llevan el premio gordo. Pese a los excesos de algunas últimas habitaciones incluso a 1.259 euros para un tres estrellas (como informó ayer este diario), la mayoría (23.000 habitaciones) se han vendido «a precios razonables», explica Stephan Teboul, director de Barcelona Business Pass, agencia oficial del congreso. Cuenta que los reyes de la demanda son los hoteles de cuatro estrellas «y céntricos». También han contratado una quinta parte del millar de vehículos con chófer que estos días transportan delegados arriba y abajo. Eso sí, advierte, Teboul, «ya no quieren cualquier cosa a cualquier precio». Muy pocos no miran los precios. «Ya no se ven gastos excesivos». No todo vale como en el 2006.

El dictado del estómago marca el otro gran pico de su factura local. Sin embargo este funciona en dos tiempos. Dentro de la Fira, 40 restaurantes bullen de actividad. Hay oferta para todos los gustos, de los carros de salchichas o fideos a los restaurantes de todas las nacionalidades. ¿Lo que más triunfa? «La mitad de la demanda es de comida saludable o vegetariana», explica Eduardo Ávila, director y productor de operaciones de Gastrofira, que gestiona toda la oferta de comida de la feria y ejecuta la de la mitad de sus espacios. Pero el especialista apunta que solo un tercio de los ágapes se sirven allí, el resto se despacha a nivel privado en los estands, con cuatro empresas de catering oficiales. Atención, aunque se opte por lo sano a mediodía, la realidad es que el jamón ibérico se convierte en la sensación de todo tapeo que se precie, dice. Y la carpa de las paellas, donde cada día se sirven 1.700 raciones entre mixtas y vegetales, arrasa. Por no hablar de los dos tráileres de palomitas servidos anoche en la fiesta de bienvenida.

Ávila confiesa, no obstante, que el cliente del congreso «va por trabajo» y que «se explaya cuando sale de la feria». La comprobación es fácil en este segundo tiempo gastronómico. Intenten reservar para cenar estos días en alguno de los mejores o en los más populares restaurantes barceloneses... Están llenos. El presidente del Gremi de Restauració de Barcelona, Gaietà Farràs, se sincera: «Estamos muy contentos, se genera mucho negocio, que es lo que necesita la ciudad en estos momentos». ¿Dónde? Les llama la zona del puerto y el renombre de algunos restaurantes. Restaurantes con estrella Michelin y marisquerías confiesan «estar a tope». Teboul apunta que «tras seis años, saben lo que les gusta y eligen ellos». Con la corbata fuera, encarnan al Mr. Marshall que Barcelona quiere o necesita.

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