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ESTUDIO COORDINADO POR LA UPC

La contaminación lumínica de Barcelona se extiende sobre el mar

Es necesario alejarse 30 kilómetros de la costa para vislumbrar la Vía Láctea

El exceso de luz puede efectos sobre las aves, las tortugas y la productividad marinas

Antonio Madridejos

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Anochecer en el litoral barcelonés. La luz se proyecta sobre el mar. / FERRAN NADEU

La contaminación lumínica generada por Barcelona y su entorno metropolitano no solo se proyecta sobre el territorio más cercano, en ocasiones llegando hasta centenares de kilómetros tierra adentro, sino que también se ve afectado un ámbito tan virgen de iluminación como es el mar. Para empezar a vislumbrar la Vía Láctea en horario nocturno es necesario navegar y alejarse al menos 10-12 kilómetros de la costa, mientras que para tener una visión aceptable se precisan unos 30. Así lo ha confirmado un estudio encabezado por investigadores de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), en Barcelona, que ha analizado por primera vez 'in situ' la calidad del cielo en el entorno marino.

El equipo de la UPC ha analizado por primera vez el problema en el entorno marino con mediciones 'in situ'

Al margen de las observaciones astronómicas, imposibles de desarrollar cerca de focos de luz, numerosos análisis han confirmado los efectos perniciosos de la contaminación lumínica sobre el medio terrestre, el ahorro energético, la salud humana y hasta el turismo, entre otros campos. Las afectaciones sobre el mar son, sin embargo, menos conocidas, explica Manuel García Gil, uno de los coordinadores del estudio de la UPC junto a Xavier Ges. Se sabe, por ejemplo, que el exceso de luz desorienta a las tortugas bobas a la hora de buscar un buen lugar para desovar en la playa. "Necesita entornos oscuros -dice García Gil-. Si no ven las estrellas, su transecto es errático y son cazadas por las gaviotas".

UN VELERO CON UN FOTÓMETRO

Para la realización del trabajo, desarrollado en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela, los investigadores equiparon un velero con una cámara con un gan ángulo de visión (objetivo de ojo de pez) y un fotómetro automático que compensaba  el movimiento de balanceo. Los transectos partían del puerto de Barcelona.

Para calcular la contaminación lumínica sobre el mar lo que había hecho hasta ahora eran fundamentalmente mediciones indirectas, explica García Gil, como estimar el flujo de luz que se emite a partir de fotos satelitales o desde la Estación Espacial Internacional (ISS). El método puesto a punto por la UPC tiene lógicamente mucho menos alcance geográfico, pero es más preciso en las zonas analizadas. "Hemos comprobado que los resultados son congruentes con lo que se observa desde el espacio -comenta el investigador de la UPC-. Para lograr una magnitud astronómica de 20 o 21, nivel a partir del cual se puede contemplar la Vía Láctea, hay que adentrarse en el mar". En el trabajo también han colaborado colegas de la Universitat de Barcelona, Universidad  Complutense de Madrid y Parc Astronòmic del Montsec.

Además de las tortugas, también las pardelas y otras aves marinas se desorientan y pueden llegar a chocar contra edificios cuando encuentran un entorno excesivamente luminoso, como confirmó un estudio realizado en Canarias por investigadores del CSIC. El especialista de la UPC recuerda asimismo que el mismo proceso afecta al salmón y otros peces migratorios, motivo por el cual se han tenido que reglamentar las luces de los barcos pesqueros.

Sin embargo, el principal efecto de la contaminación lumínica en el entorno marino son posiblemente los cambios que producen en los microorganismos que están en la base de la cadena trófica. En el año 2015, un estudio encabezado por investigadores británicos de las universidades de Exeter y Bangor comprobó en el estrecho de Menai, en Gales, que la luz artificial afectaba el ciclo de crecimiento del plancton. También alentaba la superpoblación de un molusco bivalvo de la familia Teredinae que puede llegar a ser una molestia en los puertos.

Los cruceros, gran fuente de luz

Según explica García Gil, la contaminación lumínica no es un problema exclusivo de Barcelona. "Salvo enclaves muy especiales como el delta del Ebro, el macizo del Garraf y el cabo de Creus, toda la costa de Catalunya está muy afectada". Se estima que dos tercios de la población de Europa occidental no puede ver las estrellas.


Además de la luz terrestre procedente del alumbrado urbano, instalaciones industriales, viviendas y coches, el medio marino se enfrenta también a la ocasionada por los barcos. "Los mercantes tienen poca influencia, pero la luz de un crucero es equivalente a la de un municipio de miles de habitantes. Son grandísimos contaminadores", dice el investigador de la UPC. Como no tiene fachadas, es una emisión directa, añade. "También las plataformas petrolíferas son enormes emisoras de luz.


Los resultados del estudio se presentaron un reciente congreso sobre contaminación lumínica celebrado en Cellers (Pallars), coorganizado por el Parc Astronòmic del Montsec. Participaron 80 especialistas procedentes de 20 países.

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