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RETROCESO DE LA LÍNEA DE COSTA

La desembocadura del Tordera se queda sin playas

La anchura en Blanes y Malgrat se ha reducido entre 50 y 150 metros en las últimas décadas

La sobreexplotación del río ha reducido los aportes de sedimentos y amplificado los efectos de los temporales

Antonio Madridejos

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La playa de Blanes, tras los temporales del pasado invierno. / ENRIC SAGRISTÀ

La desembocadura del río Tordera, el límite entre los municipios de Malgrat (Maresme) y Blanes (Selva), ha perdido en las últimas décadas entre 50 y 150 metros de anchura de playa, dependiendo de la zona, un visible retroceso atribuido a la sobreexplotación de los acuíferos, la extracción de áridos, la alteración del cauce y otras perturbaciones de la cuenca fluvial. Decenas de parcelas de cámpings y algunas infraestructuras que antaño estaban lejos del mar han quedado engullidas por el agua.

"En la playa de Sabanell, en Blanes, se pierden unos 2,5 metros anuales de playa, pero hubo épocas en que desaparecían hasta 8 metros", explica Enric Sagristà, investigador del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) que ha documentado el proceso dentro de una programa científico llamado Playa+, coordinado por Rafael Sardà. Aunque el equipo del CEAB monitoriza fotográficamente la zona cada 10 días desde el año 2009, para fechas anteriores hay infinidad de documentos gráficos que certifican el proceso. Las playas de Malgrat cercanas al río han sufrido una regresión todavía peor.

Antiguamente el río llevaba agua todo el año. Ahora está seco durante los meses de verano

Debido a las alteraciones antrópicas, el río ya no es lo que era. El exceso de pozos y captaciones de agua para suministro humano y agricultura han reducido el caudal del Tordera hasta el punto de que su capacidad para arrastrar sedimentos se ha reducido a la mínima expresión, dice Sagristà. Y el problema es que los limos y piedras que arrastra la corriente son esenciales para contrarrestar la erosión causada por el mar en la playa. El río, que nace en el Montseny, sufre de forma natural un acusado estiaje, "pero nunca se secaba en los meses de verano, o incluso hasta octubre, como sucede actualmente", pone como ejemplo el investigador del CEAB. Solo en episodios de lluvias intensas se puede observar un transporte abundante de sedimentos hasta la desembocadura. Posiblemente también han contribuido a la reducción del caudal el ligero descenso de las precipitaciones y la mayor evaporación debida al calor, pero en mucha menor cuantía.

Además de la reducción de caudal, el tramo final de la cuenca también sufrió una intensa extracción de áridos entre los años 60 y 90 del pasado siglo, especialmente para abastecer al sector de la construcción, "aunque ahora se ha prohibido", prosigue Sagristà. Además, la compactación de las orillas logró frenar las inundaciones, pero también tuvo un efecto negativo en el transporte de sedimentos. "Desde que la Agència Catalana de l'Aigua (ACA) canalizó el río en la desembocadura, ahora los sedimentos que llegan salen proyectados mar adentro", dice el naturalista Javier Romera. En su opinión, "el 95% de la recesión en la punta de la desembocadura no se debe a la falta de sedimentos, sino a las infraestructuras construidas en las últimas décadas". "El oleaje erosiona con más facilidad la zona y se lleva la arena a otro sitio", insiste.

"Necesitamos actuaciones a largo plazo. Si hay que hacer algún sacrificio, se hará", dice Núria Casajuana, concejala de Malgrat

De nada parecen servir las reposiciones de arena porque se trata de un problema estructural, añade Sagristà. En cuanto llega un temporal potente, las corrientes redistribuyen la arena y la llevan hacia el sur. "Cada vez que dragan y ponen nueva arena -relata el investigador del CEAB-, lo que están haciendo es contribuir a ampliar la anchura de las playas de Calella. El problema, además, corre el riesgo de amplificarse en décadas venideras debido al aumento del nivel del mar.

"Para que sepamos lo que hay que hacer y plantear soluciones -resume Núria Casajuana, tercera teniente de alcalde de Malgrat-, primero debemos identificar el problema". Con este objetivo, los cuatro ayuntamientos afectados (Malgrat, Blanes, Tordera y Palafolls) han creado una mesa de trabajo y una comisión con representantes de los municipios, Generalitat, ministerio, cámpings, agricultores, científicos y plataforma Salvem el Litoral, entre otros, para analizar la regresión de la arena y, en general, la salud de la desembocadura. Los primeros resultados se presentarán el próximo enero. "Necesitamos actuaciones a largo plazo, un plan integral para el delta", añade. "Comenzamos de nuevo y miramos hacia adelante -concluye Casajuana-. Intentaremos por supuesto satisfacer todas las demandas, pero si hay que hacer algún sacrificio, se hará".

120 parcelas bajo el agua

"Recuerdo que de pequeño teníamos el mar a unos 120 metros, mientras que ahora solo quedan unos 25 metros de playa", rememora Marc Monguilod, gerente del cámping La TorderaSe han perdido 120 parcelas.


El sector campista es uno de los grandes perjudicados por la regresión de la playa. "La situación es grave y va a peor", añade. Monguilod asume que el problema es viejo, pero "la descoordinación de las administraciones ha tenido unos efectos nefastos". Una de sus críticas se dirige a la ACA: "En el 2008, a raíz de unas obras de ampliación de la desalinizadora del Tordera, se hicieron unas actuaciones en la costa que han tenido un efecto desastroso". También considera que ha sido un error prohibir extraer arena de la desembocadura y pasar a cogerla del mar. "La estructura del delta se debilitó", dice. Finalmente, Monguilod lamenta que "en lugar de actuar solo se plantee que los cámpings retrocedan".

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