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CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD LACUSTRE

El lago de Banyoles logra frenar la proliferación de peces invasores

Capturas selectivas reducen con éxito la presencia de 'black bass', carpas y percas

Las especies exóticas llegaron a representar el 98% de la fauna piscícola

ANTONIO MADRIDEJOS
BANYOLES

Los trabajos iniciados hace tres años en el lago de Banyoles (Pla de l'Estany) para frenar la proliferación de peces exóticos, que llegaron a constituir hasta el 98% de la fauna ictícola, han empezado a dar frutos con una espectacular disminución de algunas especies emblemáticas, como el black bass (perca americana), la carpa y la perca, así como un descenso de sus tallas medias, signo inequívoco de la presión que sufren. «Están tan arraigadas que difícilmente las podremos eliminar, pero sí las estamos controlando», resumen Miquel Campos y Quim Pou, técnicos del Consorci de l'Estany y coordinadores de los trabajos. El black bass, la más ubicua de todas las especies, ha pasado de representar el 85% de los peces capturados al 50%.

El lago de Banyoles se había convertido en las últimas décadas en un paradigma de espacio natural colonizado por peces exóticos o, desde otro punto de vista, en un destino atractivo para la pesca deportiva. Curiosamente, el estany había sido hasta el siglo XX todo lo contrario: un espacio con una discreta diversidad piscícola -5 o 6 especies- puesto que sus aguas proceden de surgencias subterráneas y «llevan pocos nutrientes», dice Pou. En el lago es posible encontrar hoy en día una quincena de peces exóticos, a los que hay que sumar otros muchos que fueron introducidos pero nunca llegaron a consolidarse, entre ellos el salmón, el carpín, el pez gato y el lucio.

Al margen de la tenca, cuya introducción se pierde en el tiempo, los peces exóticos llegan a Banyoles a partir de 1910 y las repoblaciones más sistemáticas se producen en los años 50 y 60 del pasado siglo. Se soltaron para promocionar el lago como zona de recreo y para añadir un aporte de comida a la comarca en épocas difíciles, pero nunca se imaginó que fueran tan voraces. El problema es que buena parte de los recién llegados son carnívoros, entre ellos la perca sol y el black bass, ambos originarios de América, y la perca y la lucioperca, que vienen de Europa central. «Más que competir con los peces autóctonos, son sus grandes depredadores», resume Campos. De los peces que había antes de 1910, solo se conservan pequeñas poblaciones de pez fraile y anguila. Quedan también algunos bagres y barbos de montaña en estanques y arroyos próximos, pero ya no en el lago. El espinoso se extinguió.

PESCA ELÉCTRICA / Las tareas desarrolladas por el Consorci de l'Estany se basan en la captura de ejemplares y en la repoblación. «Debido al tamaño y a la existencia de una compleja fauna y flora, no podíamos aplicar medidas drásticas como desecar el lago o usar venenos», insiste Pou. Así que se optó por un sistema de control selectivo: mediante recorridos en barca, los técnicos aplican una descarga eléctrica en el agua que aturde a los peces y permite seleccionar las especies no deseadas. Los peces autóctonos se devuelven al lago. «Si ahora de repente no hiciéramos nada, las especies invasoras tardarían al menos cinco años en volver al nivel anterior», dice satisfecho Pou.

En el periodo 2011-2012 se hicieron 14 campañas con un total de 52.000 peces analizados. En cualquier caso, el técnico opina que la erradicación total solo se conseguiría a largo plazo. Y no es precisamente menor el coste de mantener una brigada de pescadores de tres o cuatro personas durante todo el año. «Asumimos que estamos en época de crisis -dice Campos-. Nuestro objetivo actual es mantener controladas las poblaciones». La única exótica que se resiste es la perca sol: «es justamente porque han caído las poblaciones de black bass, que era su principal depredador», subrayan los técnicos.

Las repoblaciones con bagres y barbos de montaña también empiezan a dar sus frutos: «Es difícil saber el estado real de las poblaciones, pero tenemos buenos síntomas -concluye Campos, esperanzado-. Empezamos a verlos incluso en zonas alejadas de donde los soltamos».

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