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Un 2018 eclipsado por la incertidumbre

La incertidumbre política de Catalunya lo invade todo. Este entorno de mayor incertidumbre, no solo interno sino también externo, y los retos a largo plazo aconsejan nuevas reformas que reduzcan las vulnerabilidades de la economía española.

AGUSTÍN ULIED. PROFESOR DE ESADE BUSINESS AND LAW SCHOOL

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REUTERS/Felix Ordonez

Hasta hace unos pocos meses las expectativas económicas para el próximo año eran positivas, pues se preveía continuar la tendencia al crecimiento del PIB y la finalización del procedimiento de déficit excesivo con Bruselas. Sin embargo, la incertidumbre política de Catalunya lo invade todo y se da por seguro que se reflejará en las previsiones económicas para España y para la propia Catalunya el próximo año.

El Gobierno había previsto un crecimiento del PIB del 2,6%. Sin embargo, los sucesos acaecidos en el Parlament y en las calles de Catalunya a partir de septiembre han llevado al Ministerio de Economía a rebajar este dato hasta el 2,3%. En la misma línea se muestran otras instituciones: el Banco de España, la Comisión europea y el FMI solo lo rebajan en una décima (2,5%) y la OCDE en dos (2,4%).

El problema es que, aunque todos los expertos aseguran que el factor Catalunya tendrá un impacto, nadie se atreve a estimar con claridad el tamaño del mismo. Dependerá principalmente de la intensidad en el incremento de la incertidumbre, de su extensión en el tiempo y de sus efectos en el resto de España. Parece evidente que el impacto será mayor en Catalunya que en el conjunto español y que algunos sectores estarán mucho más expuestos que otros (turismo e inmobiliario especialmente).

El entorno de mayor incertidumbre, no solo interno sino también externo, y los retos a largo plazo aconsejan nuevas reformas que reduzcan las vulnerabilidades de la economía española.

Consumo y salarios

Parece que continuará la tendencia al descenso del consumo al haber llegado a su fin algunos estímulos temporales. La tasa de ahorro de las familias ha bajado mucho y probablemente en el 2018 se estabilice en el 7%, la cuota más baja desde que estalló la crisis. Al consumo tampoco le ayuda la falta de subida de salarios. La remuneración media salarial aumentará apenas un 1%. Ello conlleva pérdida de poder adquisitivo al quedar por debajo de la inflación esperada.

¿Hasta cuándo van a continuar pagando el pato los asalariados? No hace muchos meses habíamos oído al presidente de la CEOE y a la ministra de Empleo reclamar subidas salariales aduciendo que las empresas podían llevarlas a cabo. ¿Se trató de un ataque pasajero de mala conciencia? Si se quiere recuperar y/o mantener el contrato social es fundamental compensar las enormes diferencias generadas en los años de crisis. ¿Qué excusas puede dar el Gobierno de haber situado a España a la cabeza de los países europeos con mayores desigualdades de renta?

Se espera que en el 2018 el entorno externo sea favorable y siga apoyando la recuperación: la mejora en economías emergentes y, sobre todo, en la Unión Económica y Monetaria (UEM), será un impulso para la demanda externa. Los tipos de interés empezarán a ver la salida del túnel (aunque difícilmente se moverán este año), los precios del petróleo pueden sufrir una revisión al alza pero se mantendrán bajos respecto a años anteriores y la continuidad de las compras del BCE permitirá mantener una prima de riesgo reducida y el coste de financiación de la economía española en niveles bajos.

En particular, los buenos propósitos para la economía, tanto española como catalana, requieren medidas para mejorar la competitividad, reducir el endeudamiento, muy especialmente el público, y disminuir la tasa de paro, promoviendo un crecimiento elevado e inclusivo.

La competitividad de la economía española parte de una buena base, pero el peso del sector exportador es todavía reducido. El porcentaje de las exportaciones sobre el PIB es menor que el de otras economías de más éxito como Alemania o Bélgica. Igualmente habrá que aumentar el tamaño de las empresas y mejorar el capital humano. Los expertos señalan que un incremento del 1% de la dimensión de la empresa incrementa la probabilidad de exportación en un 5%.

En relación al endeudamiento, el sector privado se ha desapalancado considerablemente en los últimos años y se ha situado en niveles similares a los de otros países desarrollados. Sin embargo, el sector público no lo ha hecho y se enfrenta a importantes retos a medio plazo. Es urgente efectuar reformas ambiciosas que aseguren la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Volatilidad del empleo

Finalmente, los buenos propósitos deberían incidir en la reducción del desempleo que permitiría disminuir la deuda y déficit públicos, la presión fiscal y aumentar el gasto público per cápita. Aunque la tasa de paro estructural ha disminuido notablemente en los últimos años, todavía es muy elevada (las previsiones para el 2018 son del 15,3%). Es necesario revisar la reforma laboral del 2012 para eliminar las incertidumbres que subsisten en el desempleo estructural. Si no es así, continuará incrementándose la desigualdad entre los que tienen un puesto de trabajo y los que no. También será necesario reducir los contratos temporales y la volatilidad del empleo.

Queda mucho trabajo por hacer en medio de un escenario de gran incertidumbre en el que también influirá la decisión que tome Mariano el Rajoy sobre la presentación de presupuestos para el 2018 o si se conforma con prorrogar los existentes.

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