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Seis aspectos clave para ser un emprendedor social

En un contexto de crecientes desigualdades sociales y cronificación de la precariedad, el sector no lucrativo ha asumido un papel fundamental en detectar y dar respuesta a las necesidades sociales no atendidas por el sector público y el mercado.

La sociedad actual se enfrenta a nuevos retos cada vez más complejos en un entorno en constante transformación que genera nuevas necesidades en las personas y colectivos afectados por un modelo social y económico. En este sentido, el VII Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España recoge cómo se ha consolidado un incremento de las desigualdades sociales y la cronificación de la precariedad en un contexto demográfico caracterizado por un progresivo envejecimiento de la población. Se trata de una situación que no solo afecta a las sociedades occidentales sino que tiene un alcance global, tal y como podemos ver con la crisis migratoria provocada por los conflictos bélicos, por motivos económicos o ambientales.

El sector no lucrativo ha asumido un papel fundamental en detectar y dar respuesta a las necesidades sociales no atendidas por el mercado y por el sector público y ha tenido una función de agente innovador en la creación de valor social mediante proyectos y servicios que se han caracterizado por su proximidad al usuario, capacidad de iniciativa y flexibilidad en responder a los nuevos cambios del entorno. Este papel de dinamizador de la acción social por parte del sector no lucrativo ha sido posible gracias a la progresiva consolidación de un modelo relacional que ha integrado el sector privado (a través de la Responsabilidad Social Empresarial) y las administraciones públicas con el objetivo de dar respuesta a los problemas sociales a medida que requieran nuevas soluciones y nuevas respuestas para paliar sus efectos sobre los colectivos en situación de exclusión.

En este contexto surgen nuevos proyectos de emprendimiento social que pretenden lograr un impacto positivo en los colectivos que sufren una situación de marginación, identificando las causas, analizando sus necesidades y proponiendo una serie de servicios y proyectos que ayuden a satisfacer estas necesidades. El objetivo principal va más allá de la sostenibilidad económica, pretenden generar cambios que impliquen a los beneficiarios en el proceso y que estos asuman parte de la responsabilidad en el proyecto. Se trata de potenciar el empoderamiento de estas personas para mejorar su situación y, al mismo tiempo, que tenga una repercusión en la comunidad. Los factores de éxito de un proyecto de emprendimiento social pueden integrar los siguientes aspectos:

1. Generar impacto social a través de la innovación en el modelo de gestión. Implica analizar y adaptarse a la realidad social del entorno, capacidad para responder y adelantarse a las nuevas demandas y cambios sociales, detectar necesidades de los posibles usuarios, escuchar sus reflexiones y propuestas para hacerlos participar del proceso de toma de decisiones. La actitud emprendedora necesita de un liderazgo que sea capaz de crear y comunicar una visión de futuro y de una estructura organizativa orientada a la participación interna que potencie la capacidad de aprendizaje continuado de sus miembros y su creatividad. Se trata de lograr un compromiso con la potenciación de las habilidades de los usuarios para generar proyectos en que las responsabilidades sean compartidas por sus miembros con objetos comunes y compartidos y con una evaluación de los resultados de forma continuada y sistematizada.

2. Sostenibilidad económica y financiera. Se debe crear un equilibrio entre los objetivos económicos, de eficacia y sociales mediante soluciones innovadoras a los problemas de financiación más allá de los tradicionales (aportaciones públicas, aportaciones de socios, colaboración con empresas, venta de productos y servicios, organización de actos...) que permitan la sostenibilidad del proyecto a largo plazo como las aportaciones de inversores a través del capital de riesgo social.

3. Potenciar el trabajo en red. La colaboración intersectorial y con otros proyectos de emprendimiento es un elemento clave para lograr un mayor impacto social ya que incrementa la eficacia de sus proyectos, optimiza sus recursos, genera conocimiento, facilita los contactos y las relaciones empresariales entre emprendedores y financiadores y permite compartir experiencias y proyectos. En este ámbito, las universidades tienen un papel esencial como generadoras de conocimiento, de espacio de debate y reflexión, y sirven de enlace entre los sectores público, privado y no lucrativo.

4. Implicación con la comunidad. Los proyectos deben potenciar la sensación de pertenencia a la comunidad mediante la participación activa de la ciudadanía en los procesos de detección de necesidades, diseño e implementación de sus proyectos. Se genera la implicación de la población en la detección de los problemas sociales que le afectan y en formar parte activa de su resolución y, al mismo tiempo, visualizan los beneficios que a largo plazo tienen para la comunidad.

5. Medir el impacto social de los proyectos. Medir la capacidad de transformación de los proyectos de emprendimiento social implica, más allá de responder ante los financiadores e inversores, analizar si el proyecto ha significado un cambio en la calidad de vida de los colectivos a los que se dirige. A nivel organizativo, permite disponer de información para tomar decisiones estratégicas que pueden mejorar el impacto social de futuros proyectos, así como para generar confianza y legitimación a la entidad que los desarrolla.

6. Comunicación. Dar a conocer los proyectos permite que la sociedad tome conciencia de su importancia como elemento de cohesión social y es un elemento clave para que la ciudadanía se sensibilice sobre los problemas sociales que le afectan. Tener presencia en los medios de comunicación mediante campañas que causen efecto ayuda a visualizar ámbitos y colectivos que generalmente son invisibles para el gran público y facilita la replicabilidad de los proyectos en otros contextos.

En Catalunya podemos encontrar muchas experiencias de emprendimiento social que han logrado llevar a cabo su proyecto social. Dos ejemplos destacados que han puesto en marcha dos recientes graduadas en Educación Social de nuestra facultad son una propuesta de intervención de artes plásticas en unidades de cuidados paliativos que su creadora, Sílvia Fernández, ha conseguido poner en marcha en el Hospital de Terrassa y que ha merecido dos premios de ideas emprendedoras con impacto social de la Fundación Telefónica y la Fundació Puig; y el proyecto El Niu de Bambú, de Carla Torres, que ha creado un espacio escénico en Barcelona donde se llevan a escena propuestas de crítica e inclusión social con la diversidad funcional.

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