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La tomografía OCT mejora el diagnóstico del glaucoma

El sistema, que emplea un haz de luz, detecta con gran precisión cambios en el nervio óptico

ANTONIO MADRIDEJOS

La tomografía de coherencia óptica, conocida como OCT por su acrónimo en inglés, se ha popularizado en los últimos años como una herramienta casi imprescindible para el diagnóstico o la confirmación de diversas patologías de la visión, y muy especialmente del glaucoma, debido a la información precisa y cuantitativa que se puede lograr con su uso. «La OCT nos permite mejorar el diagnóstico precoz, un detalle esencial para abordar el glaucoma en sus fases tempranas», resume la doctora Isabel Canut, coordinadora del departamento de glaucoma del Centro de Oftalmología Barraquer, en Barcelona. El problema del glaucoma es que no se manifiesta en forma de síntomas hasta que ya está bastante avanzado y es más difícil actuar.

El glaucoma, cuyo origen es un aumento de la presión intraocular, a menudo por una causa genética, se caracteriza por la pérdida progresiva de las fibras nerviosas del nervio óptico. Por regla general, se manifiesta con una pérdida gradual de la visión periférica, es decir, el ángulo de visión entre los afectados se va reduciendo y solo conservan la zona central, como si vieran a través de un tubo. Aunque hay casos congénitos, suele aparecer a los 40 años y se generaliza a partir de los 60, con una prevalencia a esas edad de más de dos casos por 100 habitantes.

Salvo casos excepcionales en los que intervienen la propia morfología del ojo, el glaucoma no se cura, pero sí puede convertirse en una enfermedad crónica que se trata con la ayuda de gotas oftalmológicas, láser e incluso cirugía. Un diagnóstico tardío o un mal tratamiento pueden concluir en ceguera total. De hecho, el glaucoma es la segunda causa de ceguera en el mundo occidental después de la degeneración macular. «La detección precoz permite cambiar el curso evolutivo de la enfermedad», resume la especialista.

La OCT es una técnica no invasiva  (se trata de un haz lumínico que no afecta lo más mínimo al ojo) y además muy rápida (menos de cinco minutos por paciente) «que proporciona mapas de sección transversal in vivo del tejido estudiado», ilustra Canut. Utiliza un concepto conocido como interferometría de baja coherencia que ofrece una penetración lumínica en milímetros (entre 2 y 3 milímetros en el tejido estudiado) con resolución axial y transversal en escala micrométrica. «En términos coloquiales -prosigue Canut- es como un TAC que permite hacer unos cortes ficticios de lo que queremos analizar». En el caso del glaucoma, lo que se analiza son el nervio óptico y la capa de fibras nerviosas de la retina (CFNR), que en las primeras fases de la enfermedad sufren un adelgazamiento, «así como las estructuras del ángulo camerular del segmento anterior», añade.

La OCT es de gran utilidad, insiste Canut, «porque muchas veces resulta difícil en la exploración biomicroscópica tradicional definir cambios y posibles pérdidas» de las fibras nerviosas. Por este motivo, «cada vez hay una mayor tendencia a complementar el examen clínico con pruebas de imagen como la OCT», añade la doctora. La evaluación de la CFNR y la papila óptica por medio de la OCT es el método más usado para el diagnóstico y el seguimiento del glaucoma, «pues ofrece una valoración cuantitativa, objetiva y de alta resolución», dice la coordinadora del área de glaucoma en Barraquer.

BASE DE DATOS PARA CONFIRMAR / La OCT moderna ofrece información numérica sobre el grosor de las CFNR. También incorpora un software que contiene una amplia base de datos que se utiliza para comparar la información medida en cada paciente con la de sujetos sanos, «marcando así los límites entre lo normal y lo patológico», afirma Canut. En este sentido, otra ventaja de estas pruebas llamadas estructurales (porque analizan la estructuras anatómicas) es el poder disponer de una valoración objetiva y personalizada de cada paciente. «A menudo, tenemos sospechas sin confirmar, y salimos de dudas con la OCT», dice la oftalmóloga.

Como limitaciones de la OCT en el diagnóstico del glaucoma, Canut cita aquellas personas cuyas papilas ópticas tienen un patrón morfológico distinto de lo esperado -sin que necesariamente sea patológico-, «como quienes tienen una gran miopía y su papila adquiere una disposición oblicua». El software está definido con un patrón de nervio óptico «que se podría catalogar como estándar, sin permitir análisis de variantes anatómicas», concluye.

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