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'Vincles', donde crecen hijos y madres

El Casal dels Infants gestó hace una década un proyecto que pone el acento en las mujeres

El buen resultado ha llevado a la oenegé a trasladarlo a casi todos los barrios en los que tiene presencia

Rosa Mari Sanz

<b>EN EL RAVAL.</b> <br/>Madres y niños, en un espacio del Casal dels Infants.

EN EL RAVAL. Madres y niños, en un espacio del Casal dels Infants. / JOAN PUIG

Hace una década, cuando el foco no estaba tan puesto en la pequeña infancia como lo está ahora, desde el Casal dels Infants se apostó por trabajar de una manera intensiva con los menores de tres años y con sus madres. Juntos y separados. Corría el 2007 y se empezó a gestar el proyecto Vincles desde el barrio del Raval; en el 2008 se puso en marcha. Hace unos días acaba de recibir un empujón económico gracias al proyecto apadrinado por los hermanos Albert y Ferran Adrià que implica a 80 restaurantes de Catalunya, La Tapa Solidària, que ha recaudado en su última edición 22.500 euros para este programa maternoinfantil.

Un dinero que ayuda a garantizar su continuidad, aunque sigue siendo insuficiente para atender a la gran demanda. Porque el boca oreja funciona y cada vez son más las madres que acuden a la oenegé recomendadas por otras que ya han pasado por allí con sus pequeños. Y el contexto no colabora: las madres jóvenes y los niños son los colectivos con una mayor vulnerabilidad.

En estos 10 años, Vincles se ha ido adaptando a las nuevas necesidades. En un primer momento, explica Fina Pérez, responsable del proyecto, estaba destinado a madres del barrio del Raval con el objetivo principal de que llevaran a cabo una inserción laboral, algo que ahora es infinitamente más costoso que entonces. «Con el tiempo la población y la situación económica ha ido cambiando y ahora es más un espacio donde las madres se pueden encontrar, hablar de sus dificultades, donde las podemos apoyar en la crianza y donde pueden crear vínculos entre ellas», explica. O sea, les ayudan con sus hijos y a la vez a que se integren con otras mujeres, hagan red entre ellas y crezcan como personas.

Para Enric Canet, director de Relaciones Ciudadanas del Casal dels Infants, el éxito de Vincles, el «proyecto diana» de la entidad, tiene mucho que ver con las tres líneas de trabajo en las que se sustenta: reconocer en primer lugar que la madre también es mujer y persona; que el niño, además de tener derecho a la alimentación, tiene derecho a un tiempo para él, y que los críos han de poder entrar en la escuela con unos niveles formativos suficientes como para que puedan salir adelante. Es el único programa, destaca Canet, que prácticamente está implantado en todas las zonas en las que tiene presencia la oenegé: en el Raval de Barcelona, en Santa Coloma de Gramenet, en Badalona y en el municipio de Salt (Gironès).

MAYOR AUTONOMÍA

El programa, que este año acompañará a 330 madres con sus hijos, se desarrolla durante seis meses. Pérez reconoce que no estaría mal que se prolongara algo más de tiempo, tampoco demasiado, para que las mujeres no se relajen y puedan volar con mayor autonomía, pero los presupuestos de las oenegés son los que son y hay que repartir entre las múltiples necesidades sociales.

Muchas de las usuarias han llamado directamente a las puertas de las diversas sedes de la entidad, empujadas en muchas ocasiones por conocidas que les han hablado del apoyo que allí reciben, pero también son vías de entrada la derivación por parte de los servicios sociales o incluso desde otras entidades con las que el Casal dels Infants trabaja en red. Como rasgo común, las destinatarias son mujeres en situación de vulnerabilidad y exclusión social con hijos de 0 a 3 años, en que la suma de factores como el bajo nivel económico, la falta de red social, la precariedad laboral y sobre todo la falta de autonomía se agrava cuando son madres. Además, en la mayoría de los casos, por no decir todos, aunque la madre tenga pareja la crianza recae prácticamente solo en ella.

HABLAR Y COMPARTIR

En los últimos tiempos, Vincles ha salido de sus propios espacios de trabajo para integrase más en la comunidad. Como ejemplo de esto, las usuarias del Raval acuden semanalmente a una piscina del barrio y ahora comenzarán a hacer incursiones en una biblioteca. «Las madres conocen muy bien el entorno, pero les cuesta salir. Uno de los objetivos paralelos que tenemos es acompañarlas para que conozcan el barrio y vez sean cada vez más independientes», cuenta la educadora.

¿Y qué hacen en Vincles? Por una parte hay actividades solo para los niños mientras las mujeres se agrupan y charlan de lo que les preocupa, de sus dificultades, de las relaciones, de sus hijos… Es un tiempo en el que pueden dejar de estar pendientes de los pequeños y sentirse libres para compartir angustias. En otro momento de la sesión disponen de un espacio en el que se vuelven a juntar con sus hijos.

La mejora, cuenta Pérez, es notable. Y pone como ejemplo el cambio que ha visto en Mina Arabi, una mujer de 34 años que acaba de completar el ciclo de medio año con su hijo pequeño. «En su caso la evolución ha sido brutal. Ahora ella nos mira a los ojos, antes no. En nuestro primer encuentro vi a una madre muy desbordada, no podía con la situación, con mucha ansiedad», rememora Pérez. La clave es poder compartir y salir de las cuatro paredes, pero también, incide, en saber marcar unas rutinas. Lo corrobora la propia Mina, que sigue vinculada al casal en otro proyecto, esta vez con su hijo mayor, de 8 años.

«Al principio pensaba que solo me pasaba a mí, que me agobiada mucho con mi hijo, y no me hacía caso y se portaba muy mal. Ahora ha mejorado mucho su comportamiento y está más tranquilo y más feliz», explica Mina.

Esta madre, como otras, han aprendido en estas sesiones que, aunque parezca una obviedad, es importante llevar una rutina, tanto para ellas como para los niños, y que han de saber poner límites a sus hijos y decir que no cuando toca. También, que lo que le pasaba a ella, sus agobios como madre, su superación diaria, no eran un problema exclusivo. Acabada esta etapa, Mina está ahora inmersa en un proyecto en el que le están acompañando a volver al mundo laboral del que se alejó en el 2008, cuando tuvo a su primer hijo. Dice que tiene muchas ganas de trabajar, de salir de casa, de no ser solo madre. Lo explica con una serenidad y una sonrisa que no fluían cuando llegó al casal, lo que anima a los responsables de Vincles a seguir con su labor. «Habrá madres a las que podremos ayudar y otras a las que no tanto», dice Pérez. Lo que está claro es que a Mina Arabi, como a tantas mujeres, sí la han ayudado.

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