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PERFIL

Alberto Fujimori: el 'Chino' ya puede caminar por Lima

La liberación del expresidente peruano, decidida por el actual mandatario, Pedro Pablo Kuczynski, y justificada por motivos humanitarios, ha sacudido al país

Abel Gilbert

«¿Cómo se le llama al régimen que hace desaparecer personas, cierra medios de comunicación, tiene como asesores principales a aliados del narcotráfico, esteriliza mujeres sin consultarles, mata periodistas, te persigue y denigra con titulares de la prensa chicha (cómplice), corrompe a políticos de la oposición, te llena con discursos de miedo día y noche, entra al Gobierno para robar y saquear, se fuga a Japón y renuncia desde allá? A ese régimen –responde el cineasta Fernando Vílchez– se le llama fujimorismo». Un año atrás, Vílchez estrenó una película estremecedora. 'Su nombre es (Alberto) Fujimori' revisa la década atroz sobre la base de noticieros y viejas filmaciones.  

  

Vílchez realizó el documental como llamado a la cordura y la indignación. «Están a punto de ser libres», advirtió. Lo hizo en momentos que Keiko, la hija del autócrata, peleaba por la presidencia. Pedro Pablo Kuczynski ganó en la segunda vuelta electoral, entre otras cosas porque supo convocar al «cuco» (el coco) del fujimorismo. El PPK inició su mandato el 28 de julio de 2016, todo un mal síntoma y un peor augurio. Ese día, fijado para el traspaso de mando, cumple también años Alberto Kenya Fujimori Fujimori, el hijo de los nativos de Kumamoto, Japón, Naoichi Fujimori y Mutsue Inomoto. A pesar de su condición de peruano y japonés, lo llaman «el Chino». Dicen que en la conmemoración de su 78º cumpleaños en la cárcel de Barbadillo, mientras cambiaba el Gobierno, él se juró que de ninguna manera cumpliría los 25 años de condena por la comisión de 25 asesinatos. El tiempo le dio la razón. Fujimori obtuvo el indulto y la gracia presidencial del PPK como moneda de cambio para evitar su destitución por parte del Congreso, que lo había acusado de «incapacidad moral».

Sonrisa insondable

El 'Chino' quizá nunca imaginó el lugar que le asignó la historia. Era un ignoto ingeniero agrónomo y llegó a la política como outsider. Con su sonrisa insondable y sin decir nada importante en campaña derrotó a Mario Vargas Llosa en las elecciones de 1990. Pronto demostró que era algo más que un personaje excéntrico: utilizó la lucha contra Sendero Luminoso para castigar adversarios, disolvió el Congreso en 1992, puso en marcha un programa populista de derechas, recibió alabanzas del FMI y llevó al país a una breve guerra limítrofe con Ecuador. Hizo todo de la mano del excapitán y monje negro Vladimiro Montesinos. Fue reelecto por una sociedad todavía adormecida, indiferente o que festejaba cuando Fujimori se meneaba en una tribuna al compás del «baile del Chino». Quiso perpetuarse sobre la base del fraude y encendió la mecha de la protesta. Se escapó y dimitió por fax. Lo extraditaron en el 2006. Cuatro años después le llegó la condena de la cual cumplió solo un tercio con la certeza de que no volverá a ser procesado.

Todo en él tiene una arista espeluznante. Que lo diga sino su ‘ex’: torturada y objeto de maltratos

Todo en Fujimori tiene una arista espeluznante. Que lo diga sino su exesposa, Susana Higuchi: ella fue torturada y objeto de innumerables maltratos, que incluyeron la difamación mediática. Sus hijos Keiko y Kenji eligieron estar al lado del padre que, en un ejercicio del cinismo y la provocación, creó un Ministerio de la Mujer, nombró como primera ministra a la decimonónica Luisa Cuculiza, y tuvo en el Congreso dos espadas, Marta Chávez, de lengua flamígera, y la lingüista Marta Hildebrandt, que podía decir las peores cosas con sutileza. La violencia de género tuvo una escala que se manifiesta de manera inequívoca en la esterilización de 236.000 jóvenes menores de 25 años, en su mayoría analfabetas y hablantes de la lengua quechua o de otros pueblos originarios. Las esterilizaciones –que incluyeron numerosos casos fatales– se hicieron como parte de un falso plan de salud.

Argumentos compasivos

El PPK lo indultó con argumentos compasivos: una enfermedad terminal para muchos dudosa, entre otras cosas porque, mientras cumplió su sentencia, Fujimori sobreactuó su condición de enfermo con imágenes retocadas en el 'fotoshop' para generar conmiseración. Pero, a la vez, la celda tenía los privilegios de un hotel de cinco estrellas y no faltaron festejos, música y conspiraciones detrás de los barrotes. La última maniobra es la que lo ha sacado del penal. 

  

La salida de la cárcel ha enfrentado a Keiko y Kenji. Se dice que el hermano –desobedeciendo la orden del partido que lidera Keiko, que trataba de destituir al presidente– se abstuvo en la votación y facilitó la supervivencia de Kuczynski, que en el trueque habría indultado al jefe del clan.  «Soy consciente de que los resultados durante mi Gobierno de una parte fueron bien recibidos. Pero reconozco, por otro lado, que he defraudado también a otros compatriotas. A ellos les pido perdón de todo corazón», escribió el padre en su cuenta de Facebook con la liviandad que lo ha caracterizado, una vez que el PPK abrió las puertas de la prisión. A los 79 años, ya puede caminar por las calles de Lima. 

 

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