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DOCUMENTAL

Jim Carrey, el actor inexistente

Llega a Netflix 'Jim & Andy: The Great Beyond', un documental que repasa la carrera del actor a partir de 'Man on the Moon'

Nando Salvà

Jim Carrey
  


Hoy en día los actores de Hollywood que van demasiado lejos para sumergirse en sus papeles se han convertido en moda; Leonardo DiCaprio comió hígado crudo de bisonte y durmió en el interior de un caballo durante el rodaje de 'El renacido' (2015), y Jared Leto se quedó parcialmente ciego para interpretar a un ciego en 'Blade Runner 2049' (2017). Todo eso, sin embargo, son minucias si se comparan con la inmersión llevada a cabo por Jim Carrey hace dos décadas en el biopic 'Man on the Moon' (1999).

Tras hacerse inmensamente rico y famoso haciendo bufonadas en comedias como 'Ace Ventura' (1994), recordemos, Carrey quiso reivindicarse como actor serio, y como parte de esa estrategia decidió meterse en la piel del cómico Andy Kaufman. Lo hizo hasta tal punto que durante el rodaje de la película permaneció convertido en su personaje en todo momento, incluso cuando las cámaras no lo filmaban. Y eso, de por sí pintoresco, lo es aún más si consideramos que el humor de Kaufman –fallecido de cáncer en 1984– se basaba en confundir, incomodar y cabrear al prójimo. 

  

Las evoluciones del actor entre bambalinas fueron captadas por un equipo documental que, se suponía, iba a usarlas para montar un reportaje promocional de la película. En cambio, hasta hace poco, esas 100 horas de grabación han estado criando polvo en el fondo de un estante. Los productores no querían que las imágenes vieran la luz. "Temían que el público empezara a verme como un gilipollas", explica Carrey ahora en el documental 'Jim & Andy: The Great Beyond' –desde el próximo viernes en Netflix España–, que mezcla ese material de archivo con una entrevista reciente del actor para rememorar uno de los rodajes más locos de la historia del cine y, en el proceso, meditar sobre la locura que el arte y la fama generan.

Lo que vemos en 'Jim & Andy' resulta primero hilarante y luego perturbador: contemplamos a Carrey/Kaufman incordiando de varias formas a peluqueras y maquilladores, provocando accidentes de coche, o colándose en la oficina de Steven Spielberg en los estudios Universal. Descubrimos al director Milos Forman contando hasta 10 para no darle un puñetazo a su actor principal, y a miembros del reparto perplejos por lo que, obviamente, es menos una estrategia actoral que el mero capricho ególatra de una estrella.

Destruir Hollywood

Por lo que respecta a lo que Carrey cuenta directamente a cámara 20 años después, tocado con barba de leñador y mirada alucinada, oscila entre la palabrería New Age y los delirios de grandeza: primero divaga acerca de "estructuras abstractas" y "estados de fuga"; luego explica que dio vida a Ace Ventura "porque quería destruir Hollywood", y llega a mostrarse tan encantado de sí mismo que, asegura, hasta podría hacer creer al público que es Jesucristo.

"A veces no puedo dormir porque siento que he salido de mi cuerpo y soy una nube de amor, gratitud y energía"

Durante el pasado Festival de Toronto, el actor nos explicó hasta qué punto se sumergió en su día en Kaufman. "No siento haber sido yo quien protagonizó 'Man on the Moon', fue el propio Kaufman quien lo hizo. Andy me poseyó, hasta tal punto que llegué a pensar que nunca me liberaría de él". Es muy consciente, añade, de la factura que la experiencia pasó sobre su visión de la vida. "Cuando quise recuperar mi identidad me di cuenta de que no había una identidad que recuperar, al menos no una que valiera la pena".

Asimismo, Carrey reconoce que 'Man on the Moon' fue su reacción a las películas que tanto éxito le proporcionaron, títulos como 'La máscara' y 'Dos tontos muy tontos' que no eran sino producto de un deseo desesperado de ser admirado. "Admito que el ego me pudo. A todo el mundo le gusta que le acaricien el lomo y le digan que es especial. Pero ahora ya no necesito eso". En ese sentido, añade: "Jim Carrey no es más que un personaje que me ha estado interpretando a lo largo de mi vida, y que en muchos momentos tomó el control. Pero yo no soy ese".

Carrey, en efecto, ya no quiere ser Carrey. Ha pasado los últimos seis años centrado en la pintura. De hecho, su casa está tan llena de cuadros que alguno de ellos lo usa "como mesa sobre la que comer los espaguetis". Su catálogo de lienzos ha sido masacrado por la crítica, pero no le importa. "Yo danzo a partir de la coreografía que me creatividad dicta. Dejo que las obras sucedan y que luego ellas mismas me confiesen su propio significado".

El suicidio de Cathriona White

Mientras tanto Hollywood lleva tiempo sin llamarle, y en eso sin duda influye su deteriorada imagen pública. Tras el suicidio de su exnovia Cathriona White en el 2015, salió a la luz una carta al parecer escrita por ella misma en la que acusaba a Carrey de introducirla en la cocaína y la prostitución y de someterla a castigos psicológicos. Posteriormente, la madre de la fallecida ha asegurado que el actor contagió conscientemente tres enfermedades venéreas a su hija, y lo ha demandado por homicidio negligente. Él denuncia ser víctima de un intento de extorsión.

En Toronto, en todo caso, el actor confesaba sentirse feliz. Lleva años practicando la meditación y leyendo libros hinduistas como 'Bhagavad Gita', y eso explica el tono iluminado que a menudo adquiere su discurso. "A veces no puedo dormir porque siento que he salido de mi cuerpo y solo soy una nube de amor y gratitud y energía", explica. "No somos nada. Y tener eso claro es increíblemente liberador", confiesa también. Y, entre esas píldoras de sabiduría, insiste en que no le importan ni su carrera ni cómo será recordado. Pero, entonces, ¿por qué se hurga el ombligo con documentales como 'Jim & Andy'?

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