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LA FINANCIACIÓN

Casi un billón (de pesetas) para la ciudad del 92

El gasto en la organización supuso una sexta parte de lo destinado a las obras de infraestructuras

Toni Sust

Obras de movimiento de tierras en el frente marítimo de Poblenou, previas a la construcción de la Vila Olímpica de los Juegos de 1992.

Obras de movimiento de tierras en el frente marítimo de Poblenou, previas a la construcción de la Vila Olímpica de los Juegos de 1992. / JUAN VALGAÑÓN

A estas alturas de la película parece difícil de creer que aquello fuera posible, que los puentes existieran y funcionaran, pero la colaboración institucional entre el Gobierno central, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Catalunya, que se dio en todos los frentes con sus tensiones, funcionó más que razonablemente en un asunto clave como el de la financiación y las inversiones. Y no hablamos de la organización de los Juegos Olímpicos, que de hecho fue el postre de la factura.

El verdadero peso económico de la cita olímpica se la llevaron las inversiones, que en su conjunto sirvieron para preparar la ciudad para la competición y la acogida de visitantes, pero sobre todo para impulsar una transformación de la ciudad a ritmo de vértigo en todos los frentes. Una transformación que se hizo con unos dos tercios de dinero público y un tercio de recursos privados. Otro rasgo distintivo de los Juegos de 1992: la colaboración público-privada.

LA FACTURA

¿Cuánto costó organizar los Juegos Olímpicos de 1992? El doctor en Ciencias Económicas Ferran Brunet lo analizó en uno de los capítulos del libro 'Les claus de l'èxit', una obra sobre el impacto de los Juegos publicada por el Centre d'Estudis Olímpics i de l'Esport de la UAB.

Brunet sostiene que hay que diferenciar lo que costó la organización estricta de la cita, que considera el verdadero coste de los JJOO, un gasto que no es utilizable una vez acabado el evento, del apartado de las inversiones: «Estas son el legado, lo que permanece».

Pese al colosal volumen del presupuesto del proyecto olímpico, no ha aparecido ni un solo caso de corrupción

La organización costó 162.880 millones de pesetas de 1992, 979 millones de euros, lo que equivale a 1.835,7 millones de euros en la actualidad, según el patrón de actualización de rentas del Instituto Nacional de Estadística. Así, la fiesta en sí misma supuso menos del 15% del gasto total.

La parte del león correspondió a las inversiones: 956.630 millones de pesetas, el 85,5% de todo el desembolso olímpico. Esa suma equivaldría a 5.749 millones de euros de 1992, 10.790 millones de euros de la actualidad.

LA INVERSIÓN PRIVADA

De esa cantidad total en inversiones de 956.630 millones (volviendo a las antiguas pesetas), el sector privado aportó 313.017 millones, un tercio. Y, a su vez, de la aportación privada, un 30% era de origen extranjero. La inversión privada se destinó esencialmente a la construcción de viviendas, hoteles, centros de negocios y autopistas. A corto plazo tuvo altibajos: la crisis económica de 1993 fue un freno. A la larga, la inversión en vivienda, hoteles y similares conoció una época de gloria, seguida de otra de crisis severa, para rebrotar en los últimos tiempos.

Las administraciones públicas pusieron sobre la mesa dos tercios del dinero necesario para las inversiones: 643.613 millones de pesetas. En este apartado tuvo un papel capital la empresa Holsa (Holding Olímpic, SA), que integraron el Gobierno central y el ayuntamiento. La Generalitat hizo una aportación significativa al proyecto, pero rechazó sumarse a esa compañía, lo que le habría supuesto adquirir más compromisos económicos con Barcelona-92.

De la inversión pública, el Gobierno asumió la parte mayoritaria: un 37,37%. El consistorio, un 16,34% y la Generalitat, un 18,34%. Telefónica, entonces controlada por el sector público, un 15,43% y el COOB, un 5,33%.

En un país en el que a estas alturas apenas quedan partidos políticos sin sospechas o condenados por corrupción, en el que el partido en el Gobierno, el PP, tiene más de 800 miembros investigados por irregularidades, resulta considerablemente llamativo que pese al gran volumen de presupuesto de la cita olímpica, no se conozca 25 años después un solo caso de corrupción vinculado con Barcelona-92. 

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