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Sebastian Kurz: el Macron austriaco

El líder del ÖVP relanza su partido y se convierte en el mandatario más joven del mundo con una candidatura independiente marcada por el conservadurismo islamófobo

Carles Planas Bou

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Sebastian Kurz abandona un colegio electoral en Viena. / ALEX HALADA

La estrategia le ha dado la razón a este joven y ambicioso político austríaco. Con tan sólo 31 años, Sebastian Kurz ha dado un golpe sobre el tablero en las elecciones de este domingo para imponerse en las elecciones y alzarse como nuevo canciller de Austria. Proclamado unánimemente en mayo como nuevo líder del Partido Popular Austríaco (ÖVP), rompió la coalición de gobierno para forzar unas elecciones anticipadas. Siguiendo la exitosa estrategia de Emmanuel Macron en Francia, Kurz se distanció ligeramente de su partido, mermado tras años de acuerdo bipartidista, e impulsó una lista formada por outsiders y políticos en una candidatura claramente personalista que ha recompensado su osadía.

Convertido en el mandatario más joven del mundo, Kurz se ha servido de su carisma y popularidad para esconder la crisis conservadora que atravesaba su partido y relanzarlo como marca personal hasta ser el más votado, algo que no conseguía desde el 2002. La carrera de Kurz ha sido fulgurante. Nacido en Viena en 1986 y sin terminar los estudios, con 23 años ya dirigía las juventudes del ÖVP, con 25 fue nombrado secretario de Estado de Integración y a los 27 entró en el gobierno como ministro de Exteriores, el más joven de la historia del país.

Sus oponentes lo ven como un oportunista sin escrúpulos, construido a base de buen marketing electoral y pragmatismo. Los suyos, como un "chico prodigioso" que ha conseguido lavar la imagen del partido y llevarlo a la victoria. Sea como fuere, hablando de transparencia y reformas ha seducido a austríacos de distintas ideologías y perfiles, pero especialmente aquellos de entre 14 y 29 años.

Campaña contra el islam

Pero más allá de su temprana edad y una imagen moderna, sus propuestas distan de ser progresistas. Su aparición en escena ha amargado al ultraderechista Partido por la Libertad (FPÖ), quien a principios de año dominaba con holgura las encuestas. Aún así, comparten agenda política en cuestiones migratorias. Kurz ha abogado por mantener la restricción que impulsó desde el gobierno. En un país cada vez más xenófobo, el líder conservador ha prometido combatir el Islam político, reformar el sistema de asilo para que los demandantes esperen en centros fuera de la Unión Europea (UE), multar a los inmigrantes que se nieguen a participar en cursos de integración y eliminar las guarderías islámicas de Viena.

A pesar de abrir las fronteras de Austria en 2015, como ministro criticó a la cancillera alemana Angela Merkel, promovió el cierre de la ruta de los Balcanes, reforzó la seguridad en las fronteras e impulsó la polémica ley contra el burka. Aunque al lado del FPÖ parezca un partido más moderado, el ÖVP ha mantenido a lo largo de los últimos años una posición cada vez más populista y racista contra los extranjeros. Así, se les ha visto repartir aerosoles de pimienta por la calle en el día de la mujer para denunciar e instrumentalizar electoralmente las violaciones a ciudadanas austríacas perpetradas por inmigrantes o refugiados.

A este tono nacionalista se le suma un discurso liberal que aboga por reducir los impuestos a empresas y a la clase media, la deuda y el gasto social, temas de bienestar económico que también ha vinculado a la migración. A pesar de ser proeuropeo, Kurz y el ÖVP descartan una mayor integración a Bruselas

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