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La ONU adopta un tratado para prohibir por primera vez las armas nucleares

Todas las potencias atómicas y los miembros de la OTAN han boicoteado el acuerdo, respaldado por 122 países

Ricardo Mir de Francia

La canciller alemana, Angela Merkel, da la bienvenida al secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

La canciller alemana, Angela Merkel, da la bienvenida al secretario general de la ONU, Antonio Guterres. / CLEMENS BILAN

Decía esta semana el filósofo, Noam Chomsky, que el mundo se enfrenta a dos amenazas existenciales: el cambio climático y la guerra nuclear. Ninguna de las dos son meras abstracciones. Corea del Norte acaba de probar con éxito un misil intercontinental que podría transportar potencialmente ojivas nucleares. Estados Unidos está en pleno proceso de modernización de su arsenal, y en los cielos sirios se cruzan cada día las fuerzas rivales de varias potencias atómicas. “Hoy, la amenaza de algún tipo de catástrofe nuclear es mayor que durante la guerra fría, y mucha gente ignora dichosamente este peligro”, dijo recientemente el nonagenario William Perry, ex secretario de Defensa de EE UU, y uno de los grandes conocedores de la amenaza nuclear.

El arma de destrucción masiva por antonomasia no tiene visos de desaparecer a corto plazo, pero Naciones Unidas acaba de adoptar un documento legal y vinculante para que ese escenario pueda hacerse un día realidad. 122 países de todo el mundo, casi dos tercios de los miembros de la ONU, han aprobado esta mañana en Nueva York el primer tratado multilateral para prohibir las armas nucleares, una vieja aspiración de la comunidad de naciones desde que las bombas estadounidenses devastaran Hiroshima y Nagasaki en las postrimerías de la segunda guerra mundial. El tratado nace sin la adhesión de las nueve potencias atómicas del planeta (EE UU, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte) ni de los miembros de la OTAN, que lo han boicoteado. La única excepción es Holanda, que ha votado en contra pese a tener armas atómicas estadounidenses en su territorio.

MOMENTO HISTÓRICO

“Este será un momento histórico, el primer tratado multilateral de desarme nuclear que se concluye en más de 20 años”, ha dicho la diplomática costarricense, Elayne Whyte Gomez, que preside el grupo de trabajo que ha estado negociando el tratado desde noviembre. “El mundo lleva esperando esta norma legal desde hace 70 años”. Su texto prohíbe a todos los países que lo ratifiquen el desarrollo, la producción o la fabricación de armas nucleares, así como su adquisición, posesión y almacenamiento "en todas las circunstancias".  

Aunque el tratado nazca tullido por la oposición de las potencias nucleares, la intención de sus propulsores consiste en sentar las bases legales para que todas ellas acaben reconsiderando su postura al quedar las armas nucleares estigmatizadas a ojos del derecho internacional humanitario y de la opinión pública mundial. Cuando se prohibieron las armas químicas y biológicas, las minas antipersonales o las bombas de racimo, también muchos países se opusieron, pero con el tiempo se ha alcanzado un rechazo casi universal a todas ellas, por más que sigan utilizándose en algunas guerras.

“Aunque el tratado por sí mismo no eliminará ningún arma nuclear, con el tiempo puede servir para deslegitimar todavía más las armas nucleares y reforzar las normas legales y políticas contra su uso·, le ha dicho al New York Times, Daryl Kimball, director de la Asociación para el Control de Armas. Hasta ahora, la jurisprudencia internacional se había mostrado bastante ambigua al respecto.

NO ESTÁN PROHIBIDAS

En su análisis de la legalidad de las armas atómicas, la Corte Penal Internacional concluyó en 1996 que ni las convenciones internacionales ni el derecho consuetudinario autorizan el empleo de las armas nucleares, ni siquiera como amenaza, pero tampoco las prohíben. El tribunal opinó que, si bien su empleo podría considerarse en general contrario a las normas del derecho humanitario que rigen el comportamiento en los conflictos armados, “no podemos concluir de forma definitiva si la amenaza o uso de armas nucleares podría ser legal o ilegal en circunstancias extremas de defensa propia, cuando la supervivencia de un Estado esté en entredicho”.

Países como EE UU han esgrimido la amenaza de Corea del Norte como pretexto para boicotear el tratado, que les obligaría a desarmarse si lo acaban ratificando a partir del 20 de septiembre, cuando se celebre la próxima Asamblea General de la ONU. Para que el tratado entre en vigor y pase a ser parte del derecho internacional se necesita la ratificación de 50 países. “Tenemos que ser realistas. ¿Hay alguien que piense que Corea del Norte prohibirá las armas atómicas?”, dijo la embajadora estadounidense en la ONU, Nikki Haley.

Tanto su país como el Reino Unido son partidarios de reforzar el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968, que a cambio de un compromiso de los cinco países que ocupan de forma permanente el Consejo de Seguridad de la ONU para desarmarse progresivamente, restringe la potestad del resto de países para desarrollar armas químicas. Ese tratado ha dado resultados muy cuestionables, ya que desde su entrada en vigor otros cuatro países se han hecho con sus propios arsenales y el desarme de las grandes potencias no se ha producido.  

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