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Al menos 70 muros fronterizos separan más que nunca a los países en todo el mundo

La construcción en auge de vallas en las fronteras se disparó tras el 11-S y con la irrupción de las primaveras árabes

Los expertos cuestionan la eficacia de las barreras contra los migrantes y las vinculan al incremento de muertes en las áreas fronterizas

Martí Benach

Guardias egipcios (derecha) observan desde una torre de vigilancia cómo sus homólogos israelís supervisan la construcción de una valla fronteriza entre Israel y Egipto, cerca de Eliat, el 15 de febrero del 2012.

Guardias egipcios (derecha) observan desde una torre de vigilancia cómo sus homólogos israelís supervisan la construcción de una valla fronteriza entre Israel y Egipto, cerca de Eliat, el 15 de febrero del 2012. / AFP / AHMAD GHARABLI

El proyecto de Donald Trump de sellar por completo la frontera de EEUU con México choca por su flagrante hostilidad, pero en el fondo no es nada original. En 1989, tras la caída del Muro de Berlín, había 16 muros o vallas fronterizas en otros tantos países del mundo. Un cuarto de siglo después, se han multiplicado por cuatro. Según la investigadora Élisabeth Vallet, profesora de geopolítica de la Universidad de Quebec en Montreal (Canadá), el mundo contaba en el 2015 con 65 muros fronterizos (completados o en construcción). La cifra aumentó hasta el pasado octubre al menos a 70, más que en ningún otro periodo de la historia moderna.

La preocupación por la seguridad y el intento de frenar la inmigración irregular han expandido estas vallas, cuya construcción, constatan los expertos, se disparó tras los atentados terroristas del 11-S, en el 2001, y con la irrupción de las primaveras árabes. En un mundo cada vez más interconectado, lo cierto es que en pleno siglo XXI las fronteras físicas separan más que nunca a las personas y los países.

Vehículos de la Patrulla Fronteriza con cámaras en la frontera entre EEUU y México, cerca de Lukeville (Arizona), el 16 de febrero del 2017.

AFP / JIM WATSON

Vehículos de la Patrulla Fronteriza con cámaras en la frontera entre EEUU y México, cerca de Lukeville (Arizona), el 16 de febrero del 2017.

Según Reece Jones, experto de la Universidad de Hawái (EEUU) y autor de 'Violent Borders' (‘Fronteras Violentas’), varias razones explican este paradójico incremento. La primera es que tras el 11-S “el estigma que solía asociarse a la construcción de muros fue eliminado, y en vez de una práctica autoritaria, como simbolizaba el Muro de Berlín, levantar muros se convirtió en una cuestión clave entre las actividades de los estados para proteger a la población de la amenaza percibida del terrorismo”, explica. El pretexto terrorista, igual que la lucha contra el narcotráfico, se ha utilizado a menudo para justificar los muros fronterizos, pero como recuerda Jones, “casi siempre se han construido donde los pobres intentan cruzar las fronteras en busca de mejores oportunidades de trabajo”.

Frenar los flujos migratorios de los países del Sur e impedir el paso a los refugiados e inmigrantes ya es pues el primer objetivo de estos modernos muros, alzados con enormes bloques de cemento, alambradas y zanjas, cuya extensión supone un “retroceso vinculado a la globalización y a la desindustrialización de las sociedades occidentales, y a la creciente desigualdad económica en el resto del mundo”, afirma Vallet.

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AFP / PATRICK HERTZOG

Un coche traspasa el muro de arena en la frontera entre Marruecos y Mauritania, en el Sáhara Occidental, en una etapa del rali París-Dakar, el 8 de enero del 2001.

EFICACIA EN ENTREDICHO

Pese a las proclamas políticas, los expertos cuestionan la eficacia de estas barreras, a las que atribuyen un valor más simbólico que real. En el informe 'Fear and Fences' ('Miedo y Vallas', 2015) sobre su desarrollo en Europa, Amnistía Internacional ya concluía que “en vez de impedir la entrada de personas, estas vallas solo han redirigido los flujos hacia otras rutas terrestres o marítimas más peligrosas”. Vallet, autora de 'Borders, Fences and Walls: State of Insecurity?' (‘Fronteras, Vallas y Muros: ¿Estado de Inseguridad?’), asegura que no funcionan: “Desplazan los flujos, pero no disuaden. En EEUU, los traficantes las sortean cavando túneles o utilizando drones. Tampoco evitan el terrorismo: la mayor parte del terrorismo europeo, por ejemplo, tiene su origen en Europa”.

Jones considera que los muros “son efectivos para impedir el tránsito en una ubicación específica, como ha pasado en la frontera EEUU-México, pero no evitan que la crucen en su conjunto”. En su lugar, canalizan a los inmigrantes hacia accesos menos vigilados, otras rutas “a menudo más peligrosas, ya sea en remotos y desolados paisajes en EEUU o arduas travesías oceánicas hacia Europa o Australia”.

Pese a las docenas de muros erigidos en los últimos 30 años, el número de aspirantes a traspasarlos no solo no ha disminuido, sino que ha crecido. Jones vincula con estos muros el aumento de muertes en la frontera. “El 2016 marcó el récord de muertos en las fronteras, 7.200 en todo el mundo, debido al incremento de la seguridad fronteriza”, denuncia.

Policías húngaros vigilan a refugiados tras una valla temporal en la frontera con Serbia, cerca de Morahalom, el 22 de febrero del 2016.

AP / ZOLTAN GERGELY KELEMEN

Policías húngaros vigilan a refugiados tras una valla temporal en la frontera con Serbia, cerca de Morahalom, el 22 de febrero del 2016.

UN NEGOCIO MUY LUCRATIVO

La construcción de vallas fronterizas, sufragada por los gobiernos, a la vez que un dispendio para el erario público, constituye un formidable negocio para las empresas de seguridad. Según los expertos, vallar 800 metros con alambradas y cámaras puede costar entre un millón y 10 millones de dólares. En EEUU, el muro cuesta entre 700.000 euros y 4,6 millones de euros por kilómetro. Equipado con la tecnología necesaria (cámaras térmicas, sensores, etc.), el coste aumenta a 15 millones. Solo el mantenimiento del muro actual para los próximos 20 años se estima en 6.137 millones de euros. Y la 'adición' de Trump costará entre 5.600 y 37.500 millones de euros, según cálculos del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

“Existe una floreciente industria de la seguridad fronteriza que está prosperando mucho con la construcción de muros y armando a las fuerzas de seguridad en las fronteras”, asegura Reece Jones, que cita como ejemplo a Magal Security, una firma israelí que podría participar en el muro de Trump y cuyas acciones en bolsa han subido un 50% desde la elección del magnate republicano.

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